Los tres niveles del horóscopo

31.12.09

Escorpio


Las energías y fuerzas distribuidas por Escorpio son, de acuerdo al Tibetano, una de las más importantes para la humanidad actualmente, ya que llevan al ser espiritual directamente al campo de batalla, cara a cara frente al desafío que kármicamente le corresponda. Es el signo bajo el cual se lucha y se triunfa, en caso de que prevalezca el alma.

El rol de Escorpio se ve bastante aclarado si examinamos los regentes. Exotérico y esotérico es Marte, y jerárquico Mercurio. Marte es un planeta de 6º rayo no sagrado, por lo que su efecto se hace sentir más en la materia que en la conciencia. En este caso Marte saca a la luz las imperfecciones mediante el estímulo de la naturaleza inferior; se suele decir que la marcada presencia de Escorpio en una carta natal implica que el sujeto conocerá efectivamente la experiencia del pecado, de ceder a las tentaciones y en suma de identificarse con los males del mundo para luego renacer de sus cenizas y elevarse a mayores cumbres espirituales.

Ese sobreestímulo de lo inferior es la simiente de la lucha; recordemos que la influencia de Escorpio se hace presente para poner a prueba un punto de tensión adquirido ya en Libra; en el caso de un discípulo el contacto con el alma hace que no se pierda del todo el rumbo, no importa cuán profunda sea la caída y allí comienza la lucha, el esfuerzo por purificar la naturaleza inferior y comprender el por qué del conflicto entre lo inferior y lo superior.

Marte en su influencia exotérica atrae con intensidad todo tipo de pasiones y de una manera misteriosa la hace morir, por un desborde o saturación. Por su parte la regencia esotérica presupone un al menos tenue despertar crístico en el ser y por ende un ínfimo contacto con el alma; a partir de esa leve conciencia espiritual es que se vivencia la dualidad y se lleva a cabo conscientemente la prueba de controlar la naturaleza inferior y sujetarla a lo que realmente se quiere en la vida, que no es otra cosa que vivir plenamente bajo el canon del alma.

El 6º rayo de Devoción e Idealismo distribuido por Marte en un determinado estadio sigue siendo apropiado para luchar pero no para triunfar, ya que el elemento deseo que prepondera en esa fuerza debe ceder lugar a las vibraciones del 4º plano, el plano búdico. Se podría pensar entonces que cuando se termina la dominación del deseo y la aspiración (que siempre implica dualidad), allí comienza a regir Mercurio, planeta de 4º rayo, y por su intermedio se consigue la captación sintética que detiene en el tiempo los conflictos y los encierra en un círculo luminoso de armonía, para decirlo simbólicamente; se trataría del empleo de la conciencia búdica, cuya consecuencia es la luz, para comprender las situaciones y a través de esa comprensión comprender que bajo la vibración de la Vida no existe conflicto sino unión.



Escorpio guarda otra lección interesante, siempre girando en torno de la lucha. Es la relacionada con el trabajo de Hércules, el discípulo, en el que vence a la hidra de Lerna (la naturaleza inferior), a la que siempre le crecían las cabezas cada vez que él se las cortaba. Fue necesario no que solamente luchara, sino que la sacara a la luz del día y le cortara las cabezas con fuego, que simboliza la luz y la mente y en casos superiores otros tipos de fuego y estados de conciencia.

Lo concreto es que Hércules, como comúnmente se suele hacer, comenzó por encarar el problema a través de la confrontación directa y podríamos decir horizontal, y fracasó por ello. Fue necesario que elevara su vibración y dejara afluir la luz del alma para alcanzar la victoria. Esto, que es fácil de recordar pero no tanto de practicar cuando se presenta un problema o se debe dominar la naturaleza inferior, tiene el detalle de que Hércules empleó su fuerza para levantar en vilo a la hidra y llevarla hacia la luz. Rara vez los desafíos que nos presenta la energía de Escorpio, desafíos cuya resolución nos llevará a la iniciación, están por debajo de nuestras posibilidades, más bien se trata de una lucha cara a cara, en la que según el nivel espiritual se podrá tener en claro la meta y el resultado de la guerra, pero no en claro el resultado de la lucha. Es necesaria mucha voluntad y no sólo deseo para salir adelante, para inclinar la balanza del lado del alma.

Precisamente la humanidad en general ha aprendido esto y es por ello se ha producido un cambio de regente en Escorpio. A nivel exotérico, el masivo, funciona Plutón (descubierto en 1930) y ya no tanto Marte, lo cual indica que la humanidad ha sido capaz de ser sensible como para invocar la voluntad espiritual a fin de resolver sus desafíos. Por primera vez un planeta de 1º rayo de Voluntad o Poder vierte sus energías a nivel exotérico, y esto tiene una correlación en las palabras del Tibetano, cuando habla de que durante la primera mitad del siglo XX el centro de Shamballa por primera vez en la historia planetaria realizó un contacto directo y permanente con la humanidad, sin intermediación de la Jerarquía, y eso inclinó definitivamente el resultado de la lucha a favor de las fuerzas aliadas, que durante las dos guerras mundiales habrían representado a las fuerzas de la Luz.

Es por eso muy interesante la experiencia de Escorpio, algo más para quienes lo tienen como Ascendente, Sol o Luna pero útil para todos; es la oportunidad de luchar y demostrar cuán sincero es el compromiso espiritual que se tiene en la vida, y cuánto se está dispuesto a hacer con tal de lograr la prevalecencia del alma o el espíritu. Esa lucha pequeña e insignificante tiene una relación directa con la humanidad, que se nutre de las acciones individuales y grupales, y allí reside nuestra responsabilidad espiritual.

En caso de triunfar, lógicamente que surgen nuevas formas de lucha que culminan en la 4º iniciación, pero queda en la memoria del alma la noción de la omnipotencia del espíritu, la más o menos vaga convicción de que la firme sujeción a los valores superiores acaba dominando a los inferiores, y esa conciencia produce una irradiación muy particular, que podríamos llamar la revelación de la verdad, sea a la escala que sea, porque Escorpio distribuye principalmente energía de 4º Rayo de Armonía a través del Conflicto, y ese es el rayo de la revelación de la luz dentro de la materia, que se vuelve irradiante. Es asimismo el destino de la humanidad, regida por ese rayo y que por eso atravesó un ciclo tan especial e importante durante el siglo pasado.



En resumen, el período regido por Escorpio es un período de convivencia más cercana con las vibraciones inferiores, que posiblemente salgan a la luz, pero es paralelamente nuestra oportunidad para permanecer firmes y aprovechar la elevación que debimos afianzar bajo Libra. Ningún esfuerzo es mucho para seguir adelante y triunfar bajo Escorpio, porque a pesar de la oscuridad de la batalla los frutos siempre son dulces; para dar testimonio de ello tenemos a los iniciados y los Maestros, que en su desarrollo espiritual han pasado por todas esas pruebas y perdido y ganado, cumpliendo su compromiso kármico con la humanidad.

Escorpio está ahí para recordarnos el destino del hombre es la revelación de la divinidad, y también para poner a prueba nuestra sinceridad como discípulos espirituales.

30.12.09

Libra


Cuando intentamos comprender el funcionamiento del signo de la Balanza, es útil tener en mente el concepto de equilibrio, que es a su vez causa de la tensión a adquirir en Libra, y se alcanza trabajosamente a través de la experiencia de la dualidad.

De acuerdo a nuestras reflexiones Libra, tanto cuando está especialmente activo como Luna, Sol o Ascendente individual como cuando hace sentir su presencia a niveles planetarios genera o facilita la llegada a un punto de comprensión en el desarrollo espiritual, y ese “detenimiento en tiempo” crea automáticamente un punto de tensión. Dicho estado es sumamente importante para la continuidad en el Sendero, porque cada punto de tensión significa una futura exteriorización de fuerza o energía espirituales, y en un sentido misterioso la adecuada construcción de dicho punto de equilibrio condicionará la calidad y más que nada la permanencia del servicio a prestar en el futuro.

Desde el punto de vista de la materia la actividad de Libra es vista como una pausa, como un detenerse a reflexionar y acaso a recargar vitalidad antes de afrontar nuevos retos. En cambio desde un punto de vista espiritual Libra implica dinamismo puro, ya que es ese momento de absorción con silencio en el que se recoge o aprehende la Voluntad Divina y se la manifiesta firmemente como Ley. Esa Ley interior deberá respetarse durante el siguiente estadio de la conciencia, Escorpio, cuando se prueba cuán fiel se permanece a esa realidad interna.

En la literatura esotérica se menciona a Libra como el signo activo en la época del pecado original y la infracción a la Ley divina, y esto nos permite asimismo ahondar en su significado. En la Biblia ese momento está marcado por el episodio en que Adán y Eva se reconocen como seres individuales y así distinguen el bien del mal, que no es sino la puesta en práctica de la separatividad, el principio de la evolución autoconsciente.

También existe una mirada relacionada a Libra en el relato de la época de Lemuria, durante la cual surgió a la existencia la mente humana. Nuevamente encontramos al signo como el facilitador de la dualidad, lo cual genera conflicto y paralelamente un impulso más o menos intenso de reunión de los opuestos, y es por ello que el Tibetano afirma que esotéricamente Libra rige el sexo. Veremos mejor esto a continuación.

Libra, que distribuye el Tercer Rayo de Inteligencia Activa, tiene tres regentes distintos que colaboran a su manera en esa construcción del equilibrio: el exotérico es Venus, el esotérico Urano y el jerárquico Saturno. A través de Venus es posible al afianzamiento en el plano mental, que es cuando se puede encontrar ese punto central de equilibrio que oportunamente abarca los pares de opuestos. Aquí vemos también por qué el sexo es la expresión física de Libra: Venus es la mente, y según el Tibetano la causa del deseo es la incipiente actividad e interacción de la mente con el plano físico denso; cuando la dualidad percibida intenta resolverse (más allá de lo natural), a través de la materia, toda la cuestión del sexo se ve grandemente estimulada, como se dice que sucedió en Lemuria y sigue sucediendo en la actualidad al emplear la mente-deseo para energetizar en centro sacro.

Por su parte Urano establece el ritmo deseado, anhelado o intrínsecamente aplicado en todos los planos, y de esa manera perpetúa el equilibrio. Y por último la presencia de Saturno nos sugiere que la disciplina, la restricción y el dolor presiden al signo de Libra, no desde una perspectiva emocional sino a nivel cósmico, ya que Saturno (o Cronos) es la expresión del tiempo, y en la existencia misma del tiempo ya encontramos la simiente de la separatividad, dada la diferencia entre lo Absoluto y lo Relativo, y el “dolor” de la limitación a un “círculo no se pasa” en la Vida debido a la elección de un Propósito determinado.



Lo anterior tiene que ver con la dualidad, ya que Libra triunfa como equilibrio pero elabora el mismo a través de la vivencia de algo ajeno a la propia conciencia.

Es así como a través de la actividad de este signo el propósito no es la iluminación sino la generación de tensión, espiritualmente entendida. Esto es realizado en pequeña escala a través de acontecimientos cotidianos, y tiene una elevada expresión en la comprensión de la separatividad, algo que al parecer no es posible mediante el amor, sino que éste debe complementarse con la comprensión del Propósito sintético que motivó tal dualidad y que es su fundamento oculto.

No se trata entonces de progreso, en el sentido en que comúnmente lo entendemos; y es por eso que este signo se complementa con la energía de Aries, que impulsa a ese punto de tensión adquirido hacia nuevas realizaciones y un más elevado equilibrio.

Y aquí tenemos un aspecto destacable, y es la calidad de dicho punto de tensión o de luz: como sabemos la conciencia humana tiene la característica de ser sensible a una amplia variedad de vibraciones; la continuidad de la atención puesta en un punto crea una tensión que concentra materia y permite así expresar más energía.

Una de las lecciones de Libra tiene que ver con la adecuada percepción y selección de tal punto de tensión, y sobre todo con el aprender a participar y a utilizar los puntos de equilibrio grupales y planetarios, o en otras palabras los Ashramas o la conjunción de los Ashramas y el tenue destello de Shamballa, en lo que a los discípulos refiere.

A medida que la conciencia se va descentralizando y posteriormente identificando con la Vida, Libra juega un rol muy especial en la construcción de un equilibrio a partir del cual no seamos ocultamente expulsados de dichos puntos de tensión creadora. Lógicamente que antes se necesita una cierta vibración, pero eso es rol de otros signos; lo que debemos ayudar a hacer con Libra es tener en cuenta que no es posible la afluencia de energía superior a una conciencia (y a una forma que sigue a esa conciencia) si ésta no es lo suficientemente amplia, a fin de no verse superada a largo plazo. Se requiere una cuota de ritmo uniforme, de estabilidad y de pensar en términos de esa energía que se quiere captar, a fin de que su llegada no sea peligrosa.

En el caso de un Ashrama eso implica, y todos aspiramos a ello, el desarrollar capacidad de pensar en términos grupales y en beneficio del todo, esto primero teóricamente aceptado, luego crecientemente reconocido y finalmente sintéticamente comprendido. Este pasaje de la tensión individual de la conciencia a una grupal, consecuencia de fijar la atención en temas grupales y planetarios y no individuales, pone en vigencia otra Ley, que con el tiempo adapta nuestros vehículos a las vibraciones superiores.

Es por todo ello (y mucho más que se escapa) un signo propicio para reflexionar acerca de la existencia, el significado y la complementariedad de la atención, y por ese intermedio construir puntos de tensión más sutiles, abarcativos y cargados de amor y voluntad espiritual, por cuya presencia sea posible colaborar con el cumplimiento de la Ley, la expresión de la Vida planetaria.

21.12.09

Capricornio


Capricornio es el signo de la transfiguración, que constituye la meta máxima para la humanidad en la Era actual; por su intermedio nos llega ese tipo de energía que culmina nuestros esfuerzos en pos de la concreción de nuestros propósitos, sean de la índole que sean; es ese momento de “iluminación” en que se comprende el para qué de una forma cualquiera, y esto implica inmediatamente el cierre de un ciclo y por ende la abstracción de la vida de la forma.

Capricornio es uno de los signos de la muerte, exotéricamente entendida, ya que representa un proceso de abstracción de la vida hacia su fuente original y ello provoca el ocaso de la forma. En ese sentido es interesante anotar que en la simbología actual basada en el Zodíaco del hemisferio norte (que nos condiciona por su aceptación) este signo rige el invierno, que es precisamente cuando la vida aparentemente se halla más alejada de nosotros.

Es asimismo un signo de muerte porque por intermedio de sus energías se llega al fin de todas las cosas, se les da concreción en su punto más acabado y por ende se cumple con su propósito, sobreviniendo la muerte; es por ello que no nos sorprende que el signo sea agente del Séptimo Rayo (en niveles superiores Tercero y por último Primero). Recordemos su lema exotérico: “que rija la ambición y la puerta siga abierta de par en par”; es la nota del esfuerzo en pos de objetivos egoístas que conducen a un final común y masivo.

Ello nos da base para mencionar los regentes: exotérico y esotérico es Saturno, el planeta de los anillos o “círculo no se pasa” de la conciencia, que colabora con la Vida fijando a lo inferior los límites en la Ley de la Evolución impartida por lo Superior. Este planeta es el que exige disciplina, esfuerzo y actividad en la materia; es el planeta por el que conocemos nuestros límites y bajo el cual cumplimos la Ley del Karma. Cuando trabaja a nivel externo fortalece o endurece la personalidad, pero oportunamente la agota, o si se quiere la asfixia dentro de sus propios límites demasiado estrechos para la conciencia liberada.

Aquí comienza su labor como regente esotérico, ya que durante eones la personalidad permanece ciega ante el fenómeno de la muerte, de sí misma y también de sus metas egoístas, que se suceden unas a otras sin ofrecer frutos esencialmente sustanciosos. A esto puede llegarse de dos maneras distintas.

En primer lugar, gracias a la interrelación con otros signos (especialmente con Leo, muy vinculado a Capricornio) se manifiesta una mayor conciencia espiritual, con lo que los antiguos límites se revelan como demasiado estrechos y se invoca al Ser Superior para que provea de un nuevo sentido a la vida. Se pasa allí a la influencia de Sagitario, que es el signo que sigue en el progreso lento de la evolución.

Empero, si la persona se ajusta a las demandas de su ser interior y Saturno opera en su nivel esotérico no rige la Gran Ilusión y el progreso es hacia el servicio de Acuario, por lo que la conciencia aprovecha las energías del signo para conseguir una poderosa abstracción, que está simbolizada por el Tercer Rayo como segunda energía y por Saturno, también del Tercer Rayo de Inteligencia Activa. Esa energía recogida dinámicamente gracias a la comprensión iluminada es entonces vertida con inteligencia y con un delicado conocimiento del tiempo (o karma) a fin de ayudar a nuestros semejantes.

El último regente, el más poderoso, es Venus, que al estar en la cúspide del signo se halla íntimamente vinculado a la naturaleza de Capricornio, la Luz. Venus es asimismo el símbolo de los Ángeles Solares, que sacrificaron su elevada evolución espiritual a fin de encarnar en la Tierra y responder al llamado egoico de la humanidad. Esto se relaciona con el lema esotérico del signo: “estoy perdido en la luz suprema, sin embargo, a ella le doy la espalda”. Es la expresión de un particular estado de conciencia, la cumbre de la comprensión, cuando tras dejar atrás los límites de Saturno lo único que permanece es la luz de la identificación y es precisamente esa luz la que impele al ser a tornar su vista espiritual “hacia el reino del dolor” (regido por Saturno), de manera de actuar como colaborador consciente de la Voluntad de Dios, ya que como marcábamos el Primer Rayo rige al signo en su aspecto más elevado.

Se trata de un elevado estado de realización espiritual, en el cual se vislumbra la respuesta al misterio del bien y el mal y el llamado “pecado original”. Si asociamos el estado de identificación con el espacio y el pensamiento con el tiempo, es posible comprender por qué se suele afirmar que un iniciado se encuentra más allá del bien y del mal; una interpretación nos lleva a suponer que desde las alturas de su vivencia ha alcanzado a abarcar o aprehender ambos fenómenos como una unidad, ya que no existe separatividad en la conciencia de un iniciado. Y por su parte, al haberse podido elevar por encima de la vibración de su cuerpo mental llega a experimentar la liberación del karma, que se halla sutilmente ligado a la mente separativa. Simbólicamente hablando, podemos decir que Saturno (agente de la Ley del Karma) ya no lo rige, y en cambio inicia su ciclo de influencia la fraternidad dimanante de Venus.

No podemos cerrar estas reflexiones sin una mención especial a la experiencia de la cumbre, tan típica de Capricornio. Se trata de un período particularmente auspicioso para meditar acerca de la relación existente entre la luz, la iniciación y la muerte, para reflexionar a la luz de la conciencia cuál es la montaña que estamos escalando en la vida y con cuánto sincero esfuerzo lo estamos haciendo. En ese sentido es que cabría considerar todo momento de elevación, como el fin de un ciclo y el recogimiento en la luz superior, para retornar con la llama divina cargada de planes, comprensión y voluntad, tras esa brevísima muerte.

Es asimismo la reencarnación con una perspectiva más amplia, desde la cual todos los problemas de la vida mundana parecen más sencillos. Sencillez es una característica de la creciente influencia de Capricornio y por ende de la iniciación, ya que la alta vibración nos eleva y nos impide perdernos en la maraña de disputas cotidianas. Una lectura de ello la tenemos en el ascenso de Moisés al Monte Sinaí, quien recibió los Mandamientos y cuando se dispuso a aplicarlos a su pueblo halló a éste absorbido por la materia y adorándola como el becerro de oro.

Puede ser entonces un momento oportuno para realizar un balance, tal como exotéricamente suele hacerse, y realizar un esfuerzo que eleve nuestra vibración y nos haga llegar a la cúspide de nuestra conciencia, a fin de refrescar nuestros orígenes y nuestra misión en la vida, y poder así “encarnar” nuevamente con renovada inspiración en ofrenda a la humanidad y al mundo, sencillamente lo que en cada Navidad (esotéricamente en Getsemaní) nos recuerda el Cristo con su ejemplo.

14.12.09

La importancia del Ascendente en la vida espiritual



En esta oportunidad nos parece importante recordar el valor que tiene el Ascendente en nuestro desarrollo espiritual, y para ello haremos una breve introducción sobre el rol de la astrología respecto a los siete rayos. A continuación nos referiremos al Ascendente, y cerraremos con referencias a sitios web que les permitan primero determinarlo con precisión y luego acceder a información sobre sus cualidades.

Sabemos por la teoría esotérica que cada individuo es una expresión de un Ser Superior, el cual cíclicamente encarna a fin de colaborar con el Propósito divino. Este proceso implica el ofrendar al planeta ciertas cualidades especiales que están kármicamente relacionadas con las posibilidades espirituales del Señor del Mundo, tanto en elevación como en oportunidad o tiempo.

Tales cualidades son energía espiritual afluyendo de planos superiores, y en el nivel del alma (que es el que más nos compete) se los denomina los siete rayos.

La astrología es llamada “la ciencia de las relaciones”, y si recordamos el vínculo entre relación y karma veremos que el tiempo, entendido como limitación al espacio (la perfección), implica el despliegue de condicionamientos y líneas de expresión. Eso significa que la energía afluirá al planeta de acuerdo a ciertos diseños extraplanetarios específicos, los cuales deberán respetar el karma planetario.

Esos “diseños” son reflejados por la astrología, que estudia esas relaciones y extrae un significado que permita conocer el propósito de tales energías, sea a nivel subhumano, humano o divino.

En ese sentido, vemos que los siete rayos afluyen al planeta a través de los doce signos; al parecer cada rayo puede expresarse mediante cualquiera de los signos, y esto dependerá del karma particular que tenga que liberar la entidad encarnante.



En ese marco es que debe comprenderse el significado de un horóscopo o carta natal, como el mapa kármico de una persona, lo cual trae aparejada la existencia de un Propósito espiritual, que a su vez es parte de un Propósito extraplanetario al cual en una mínima escala contribuimos al encarnar su energía zodiacal.

Como es popularmente conocido, la carta natal ubica a los doce signos en doce Casas; dentro de éstas encontramos a los planetas. Esta posición deberá considerarse mirando los vínculos con los demás planetas de la carta, y de tal manera se van enlazando las interpretaciones.

Desde la astrología esotérica se considera insuficiente la carta natal convencional, que para empezar es de dos dimensiones siendo que el alma se expresa en por lo menos más de tres; además cambian los significados de los signos, planetas y Casas. Lamentablemente, el Tibetano sólo sugirió algunas líneas para un futuro desarrollo de estos aspectos, con lo que resta aún mucho por hacer al respecto. Y eso sin contar que ese condicionamiento en la forma (por ejemplo, tener al Sol en Cáncer) en un momento se diluye, aunque en general nos falta evolución para llegar a ese estadio de conciencia.

Brevemente, desde la perspectiva esotérica las Casas serían como el ámbito mundano (o subjetivo) de expresión, en tanto que los planetas serían como los medios o instrumentos de los signos. De todos los elementos involucrados, tres (y sus signos, Casas, etc.) son claves en la Astrología esotérica: la Luna, que representa el pasado, el Sol, que simboliza el presente o la personalidad, y el Ascendente, que indica el futuro o Sendero del alma.



El Ascendente (signo que ocupa la Casa I) es esa parte de la Tierra (de ella las 12 Casas) que apuntaba exactamente al Sol en el momento de nacer, en una analogía con la encarnación del Ángel Solar del rayo que se trate. Esa energía es vertida por el signo, y tendrá tres niveles de expresión, en armonía con la jerarquía espiritual del individuo:
• Si es una persona común el vehículo de expresión será el regente exotérico del signo;
• Si se trata de un discípulo (hasta la segunda iniciación inclusive) la energía se manifestará por medio del regente esotérico;
• Si es un iniciado (tercera iniciación en adelante) el rayo cualificado por el signo se verterá a través del regente jerárquico del signo en cuestión.

Dado que el Ascendente representa al alma, es natural suponer que en el caso de una persona espiritual la interpretación de toda la carta se haga en torno al Ascendente, tratado de coordinar los significados en sujeción a la cualidad expresada por ese signo (y rayo, si se lo sabe, porque no surge de la carta).

Es por ello que el conocimiento y el énfasis puesto en el signo solar no deja de ser importante, porque teóricamente tiene que ver con la integración de la personalidad, así como resulta interesante saber cuáles son las tendencias regresivas (las de la Luna, por signo, Casa, etc.).

Pero por sobre todo nos debe interesar el signo Ascendente, porque es esa clase de energía la que estará implicada en esos momentos de nuestras vidas en los que demos decididamente un paso adelante en la evolución espiritual, y es la energía que paulatinamente debe prevalecer y sintetizar a la de la Luna y el Sol. Aislar esas cualidades no necesariamente revelará algo nuevo, pero nos puede ayudar a determinar un rumbo interior o a corroborar una impresión interna.

Es así como decir “soy de Leo”, por tener el Sol en ese signo, simbólica y energéticamente equivaldría a decir “soy la personalidad”.

La intención entonces con estas reflexiones es que así como todos conocemos nuestro signo solar lo hagamos con el Ascendente (y en menor medida la Luna), porque tiene relación directa con nuestro progreso espiritual.

Por detrás del Ascendente existen misterios mayores, ya que a través del elemento del signo, o su condición (cardinal, fijo o mutable), así como por los regentes se establecen triángulos (kármicos) internos y con las cartas natales de otras personas, lo que no es sino la expresión en el tiempo del Propósito jerárquico. Esto es un campo no muy explorado, pero es también ejemplo de la importancia de este indicador.

Finalmente las remisiones: para calcular el Ascendente se puede buscar la voz “conocer Ascendente” en cualquier buscador. Por su parte, los significados son legión en lo mundano y no tan fáciles de hallar en lo esotérico, si bien nada obsta a intentar una lectura más profunda de lo que esté a mano.

En todo caso, por ejemplo han escrito sobre el tema Candy Hillenbrand, Phillip Lindsay, Alan Oken, Michael Robbins, Adele Barger Wilson (estos en inglés, pero se pueden traducir), Bruno Huber o el sitio Astro-Campus.

En conclusión, saber cuál es nuestro signo Ascendente es una faceta más en el proceso de autoconocimiento, y puede ayudarnos a mejorar el alineamiento así como a prestar un servicio más efectivo. Aprovechemos lo que es una manera más para acercarnos a la espiritualidad.

9.12.09

Sagitario



Sagitario cumple una función que nos resulta muy familiar a quienes vivimos la vida del discípulo; la misma está oculta en la palabra clave del signo que es reorientación. A través de Sagitario es que encontramos el rumbo, la meta hacia la cual apuntan nuestros esfuerzos, primero mundanos y luego espirituales; esto es muy importante porque esa certeza de estar en el camino correcto nos permite viajar y oportunamente llegar allí sin pérdida de tiempo ni de oportunidades de servicio.

A fin de conocer mejor la función del signo, nos parece ilustrativo mirar brevemente a los otros reinos de la naturaleza. Como ya hemos señalado anteriormente, los signos zodiacales influencian no sólo a la humanidad sino a toda la evolución planetaria.

En ese sentido podría decirse que Sagitario es la causa subjetiva de una serie de fenómenos usuales en el reino vegetal y el animal: en el primer caso, cabría afirmar que es la energía sagitariana la que impulsa al girasol a torcer su orientación y buscar la presencia del Sol, a fin de obtener su sustento astral y pránico. En el segundo caso, Sagitario bien puede ser el fundamento esotérico del olfato, que como sabemos es el sentido por excelencia en el tercer reino.

Por supuesto que en el cuarto reino la función es distinta en potencia y en forma, pero la nota clave de la orientación permanece.

Sabemos por la literatura esotérica que la característica distintiva de la humanidad es la existencia de la mente, y fruto de ella es la generación de la dualidad, la cual primero debe presentirse, luego acentuarse para finalmente sintetizarse gracias a una paulatina identificación con la Supermente. En este proceso juegan un rol Sagitario y también Géminis, el signo opuesto y complementario de aquél. En esa línea, Géminis es el momento de la separación y Sagitario el de la búsqueda del camino para la unión; comienza a operar cuando se siente la necesidad de ir “a otra parte” para lograr la realización, es decir tras pasar por las duras pruebas de Escorpio se reafirma el compromiso de esforzarse a fin de alcanzar una verdad interior.

En la astrología exotérica, Sagitario rige la religión y los viajes al extranjero. Esto puede interpretarse como la expresión material de la misma verdad; la energía del signo parte de una dualidad, dirigiéndose hacia fuera y (espiritualmente) “hacia arriba”, es la consecuencia de la dualidad de Géminis. Esta función se relaciona con los rayos que distribuye el signo, el Cuarto, Quinto y Sexto, todos rayos de aspecto que trabajan más con la expresión en los tres mundos que con la identificación divina, con lo que las metas espirituales son exteriores a la conciencia presente.

Tal función no es de por sí negativa, más bien la llamaríamos indispensable para la salida y el encaminamiento hacia una meta superior. Cuando la persona recién emite destellos de espiritualidad, el regente que emplea para desarrollar el Propósito del signo es Júpiter, que con su 2º rayo garantiza la atracción de todo lo necesario para satisfacer los deseos, que son la gran meta en esta etapa.

Cuando la persona comienza a transitar por el Sendero espiritual los signos de la Cruz Mutable previos conducen a Sagitario y le permiten actuar en todo su poder: así, el desarrollo de la potencia de Venus (la mente, regente esotérico de Géminis) y la conciencia de que la forma vela al alma (la Luna en Virgo) hacen emerger en la persona la necesidad de seguir una vida espiritual y llegar a ser lo que presiente que puede ser.

Ese momento de búsqueda está regido esotéricamente por Sagitario, y el regente en ese nivel es la Tierra, planeta de 3º rayo. Esto es apropiado, ya que generalmente comienza aquí ese período de búsqueda ansiosa, de experimentar distintas enseñanzas, pareciendo todas atractivas y de valor, queriendo sentir y conocer todo lo divino al mismo tiempo, así como “hacer algo” en la Tierra por quienes aún caminan en la oscuridad de los tres mundos.

Esta regencia puede durar muchos ciclos de vida, como lo vemos a diario, y eso indica que por más que no figure en la carta natal Sagitario estará activo esotéricamente en una etapa definida como la de la búsqueda espiritual.

Pero aún existe otra función en lo que a la humanidad concierne, que se enlaza con el 6º Rayo distribuido a nivel jerárquico por Marte. Como sugeríamos antes, el 6º Rayo se encuentra activo en todos los niveles y es uno de los impulsores a la búsqueda de algo más allá de la conciencia, sea externo o interno en la forma.

Cuando el 6º se expresa a través de Marte, la energía de Sagitario rige esa etapa subjetiva en que la persona consagra absolutamente toda su conciencia, que es todo lo que realmente tiene, al servicio planetario. Ya no se trata de la búsqueda de un Sendero, sino de la unión de todas las partes del Ser al silencio, a la realidad supraconsciente que fundamenta toda búsqueda; se trataría así de fundir la vibración de los vehículos con la de ese estado de conciencia, de “apuntar” hacia esa meta.

Este viaje es muy breve y termina en el plano búdico, que es el plano de la intuición; las flechas son mentales y el arco debe ser dejado en la puerta del reino de la razón pura; la llegada a esta puerta indica que se está (al menos en ese fugaz momento) bajo las energías de Capricornio, que como sabemos rige la “puerta de salida” de la evolución, la máxima culminación humana, así como su opuesto y complementario Cáncer rige la puerta de entrada.

Otra faceta de esto tiene que ver con la manera en que nos aproximamos al alma: es sabido que siempre utilizamos uno de nuestros vehículos para la recepción de la guía interna, y en las etapas iniciales de “oír y tomar conciencia” la información primero es recibida y luego conceptualizada, es decir que vamos detrás de la voz interior. Ahora bien, Sagitario nos da la oportunidad de corregir la meta, con lo cual tal vez haya una línea de menor resistencia para estudiar acerca esos procesos de desarrollo espiritual que van desde el oír la voz del alma a “mirar hacia arriba y no hacia abajo”, y así directamente fundir nuestra conciencia con su fuente dimanante. Es otra manera de entender la metáfora de apuntar la flecha y correr tras ella, en este caso a una velocidad divina.

Es así como Sagitario puede regir con especial énfasis en caso de estar presente en la carta exotérica como Ascendente, Sol o Luna principalmente, pero además preside una etapa muy particular del desarrollo de la conciencia como la de orientación o reorientación, que todos vivimos a diario en distintos niveles y duración, y que tiene incluso analogía con el traspaso de las energías de los centros inferiores a los superiores.

Se trata en suma de un buen período para examinar cuál es la meta que tenemos en nuestra vida, hacia dónde estamos yendo en nuestra vida espiritual y cuán coherentes somos con ese compromiso interno.

Es asimismo un período propicio para ajustar la meditación, que se nutre de un propósito bien definido y que en caso contrario hace a la mente dispersa y poco irradiativa, ya que las energías de este signo nos pueden ayudar a mejorar con menos esfuerzo todo lo atinente al enfoque, emocional y mental.

Incluso podrían aprovecharse estas energías acentuadas a los fines de

Por último repasemos las notas claves del signo: exotéricamente es “Busca el alimento”, y hace referencia a la necesidad expresada por el signo de conseguir un complemento que solucione la dualidad conocida en Géminis, si bien en esta etapa suele expresarse en niveles materiales. Sí es más clara la nota esotérica: “Veo una meta. Alcanzo esa meta, y luego veo otra”, dado que refleja la búsqueda interior y la vivencia de la iluminación que produce la llegada, que en última instancia no es otra cosa que la meta para la cual todos nos estamos preparando, la iniciación.

5.11.09

Virgo



Virgo es un signo muy importante para la vida espiritual, porque lleva en sí las energías del Amor y la Devoción, tan necesarias para el desarrollo de la conciencia espiritual. No es en sí una energía que facilite los avances materiales, pero las oportunidades que brinda para el enriquecimiento del ser interno son muy amplias. Con esa idea en mente, veamos primero los rayos que se expresan mediante el signo y su relación con los regentes.

Según El Tibetano, a través de Virgo fluye la energía de tres rayos, respectivamente el Segundo de Amor-Sabiduría, el Sexto de Devoción e Idealismo y el Tercero de Inteligencia Activa. Los regentes son Júpiter (jerárquico), la Luna (esotérico) y Mercurio (exotérico).

Observemos que el Tercer Rayo en este signo opera en último lugar (sólo en el nivel de los tres mundos), es decir subordinado a los otros dos rayos; la actividad inteligente es provocada en base a una energía atractiva; en otras palabras, en última instancia sólo el amor genera verdadera actividad en Virgo.

Los otros dos rayos vienen a mostrar (entre otras cosas) dos formas diferentes de ver una misma realidad, que es la de la gestación de la conciencia espiritual. En un sentido inferior se considera que es devoción la relación que la Madre (Virgo) tiene con el hijo; en un sentido más íntimo la Madre ama al Cristo interno de forma total y sin condicionamientos, con lo que el amor se expresa puramente como identificación.

En el desenvolvimiento de Virgo podemos ver cómo, después de emerger la conciencia en Leo, se pasa a revestirla de forma y así a atraer materia digna de formar los vehículos del alma; para eso es necesario un planeta que exprese adecuadamente la Atracción y de allí que Júpiter (planeta de 2º rayo) sea el primer regente.

Una vez que el material está presente, se trata simplemente de nutrir la vida interna con lo que pueda necesitar, fomentando su desarrollo pero de manera indirecta, para que el ser en gestación pueda obtener los elementos que luego lo hagan independiente. El aporte es ahora una especie de irradiación velada, y cubriendo esas funciones encontramos a la Luna, que vela la luz de Vulcano y Neptuno.

Por último se revela la Presencia, asentando desde los planos superiores hasta la conciencia física un canal de luz basado en la comprensión del Plan. Esa afluencia de luz es facilitada por Mercurio, el regente exotérico.

Lo anterior se refiere esencialmente a las relaciones rayos/regentes, pero en Virgo tenemos otras cualidades que pueden extraerse de aquella estructura y resumirse en algunas palabras clave: receptividad, dependencia, identificación y humildad.

Astrológicamente, Virgo es un signo femenino y negativo; esa función de recepción es acentuada por sus características especiales. Se trata de la energía de la Materia que responde al Propósito o al Plan, que construye en base a los arquetipos divinos. Virgo es, en un sentido, ese signo que presta atentos oídos a lo superior y se dedica no a emprender por su mera potencia, como podría ser Aries o Leo, sino que actúa en función de lo que manda la Voz del Silencio, o fracasa.

Eso nos lleva al segundo término, dependencia. A través de Virgo aprendemos hasta qué punto lo superior depende de lo inferior para llevar a cabo su Propósito, y a su vez lo inferior depende de lo superior para su realización. Es la identificación, la continuidad de conciencia fruto de la aniquilación del egoísmo, que previamente requiere el desarrollo de esa gran capacidad de atracción que facilita el signo. En caso de primar el egoísmo, el resultado es el fracaso, porque la dependencia necesaria para llevar a cabo cualquier empresa no es comprendida en un sentido espiritual y la energía del amor no puede fluir libremente.

La correcta dependencia, con el yo como parte del Todo, inspira a la conciencia en un proceso de creciente humildad a medida que se desarrolla el servicio, llegando a la identificación (aunque sea por un instante) entre el Servidor y el Servido. Esa fusión, generada por las energías amorosas que afluyen desde Virgo a los corazones de los hombres, acrecienta la luz interna y prepara el camino para la Salvación, esotéricamente entendida.

Eso nos conduce al último punto, que es la relación de Virgo con Piscis, su opuesto complementario. Podríamos decir que el Salvador pesca y eleva; Virgo podría ser la red que se extiende horizontalmente y se sacrifica perdiéndose en el espacio para cumplir el Propósito, actuando más velada que visiblemente pero con igual fidelidad a lo divino.

En conclusión, Virgo es el alimento que ocultamente nos da los fundamentos para actuar en este mundo, el oído silencioso y atento a los dictados del Yo superior; contemos o no con su energía en nuestro Ascendente o Sol, el período que se avecina es propicio para reflexionar sobre el Amor y el sacrificio, sobre la necesidad de servir a los demás y la imposibilidad de no hacerlo, sobre la ilusión del egoísmo y el valor de la humildad. Es también la oportunidad del silencio, la purificación y la preparación para abarcar nuevas realidades y acrecentar por irradiación la luz del mundo.

Leo



Las energías de Leo son muy conocidas por toda la humanidad, porque están vinculadas a la autoconciencia, que es la esencia misma de nuestra evolución.

Podemos decir que las energías zodiacales operan en todos los niveles de evolución, siendo a veces presentidas y a veces no, según el grado de conciencia alcanzado; aún en la evolución superior se toma contacto con energías que de momento no podemos individualizar y por ello presentimos vagamente, en el mejor de los casos.

Otro tema a tener en cuenta es que al parecer la relación entre los rayos que transmite un signo y los regentes planetarios que manifiestan esa energía es muy distinta según los reinos que se estudie, y en el caso de Leo tendríamos una muestra: el hecho de que esté el Sol como regente se vería en el caso humano pero no el del reino animal, porque en éste la conciencia operaría de forma diferente a la humana. Al no ser autoconciencia, no sería necesario “estar en el centro” como facilita el Sol, sino que bastaría alguna expresión más difusa. De ser esto así, nos queda la reflexión de cómo nuestra más elevada conciencia o percepción (la monádica) no es más que un tipo menor dentro de ese esquema del que el Zodíaco es su expresión.

Dos rayos se expresan mediante Leo, el Quinto de Conocimiento Concreto y el Primero de Voluntad o Poder, a través del Sol en los niveles jerárquico, esotérico y exotérico (velando a Urano, Neptuno y un planeta de 2º rayo respectivamente). Veamos algo de los significados subyacentes:

Como marcábamos antes, la energía de Leo es la que produce conciencia, y para que ello ocurra debemos recordar que la conciencia es el resultado de la interacción entre la Vida y la materia; en un sentido misterioso es el alcance de los límites en la materia (en diferentes niveles de sutilidad) el que hace “chocar” la Vida y da nacimiento a la conciencia.

Ahí vemos una función de Quinto Rayo, ya que es el Rayo de la discriminación, la separación y el aislamiento; es el que permite llegar a un “círculo no se pasa” para a partir de allí elaborar un sentido del camino recorrido y generar conciencia. A su vez, el Primer Rayo refuerza la introspección y da la energía necesaria para, una vez aprendida al lección, mantener dominado el reino a través de la síntesis, tan propia de la conciencia realizada.

Esto nos lleva al tema de los regentes: se afirma que el Sol es capaz de emitir energía gracias a su fuerte gravedad, la que provoca en su núcleo una presión tan grande que enciende su contenido y lo vuelve irradiante. La irradiación, entonces, no sería otra cosa que la realización, que esa energía redimida y transformada en conciencia, y por ende en luz.

Aplicando el principio de la atracción de materia, podríamos decir muy genéricamente que la humanidad absorbe energía y la irradia esencialmente en el plano físico, que los discípulos irradian también en el plano astral (empleando como vehículo velado a Neptuno) y que los iniciados hacen sentir su presencia en el plano mental (a través de Urano, velado regente jerárquico). En todos los casos es la potencia del Sol la que parece actuar, pero su fundamento dado por la energía del planeta velado, que es como su fuente de inspiración y le provee la materia a ser atraída.

Es así como las energías de Leo son propicias para una reflexión acerca del Sol de nuestra vida y del Sol en torno al cual gira la humanidad, ese centro de conciencia que se nutre de las energías superiores y que a medida que se profundiza va expresando crecientemente la luz de la realización. Parece asimismo un momento adecuado para delimitar el campo de conciencia de la vida y sintetizar como propias las vivencias dispersas.

En ese sentido se comprenden un poco mejor los dos lemas del signo: el exotérico es “Que existan otras formas. Yo rijo porque Yo soy”. Vemos aquí la analogía inferior del uso de los rayos mencionados; sin embargo la misma Ley pero en un nivel superior es la que permite decir “Yo soy Ése y Ése soy Yo”: cuando la interrelación con Acuario expande la conciencia netamente individual hacia límites más amplios, la síntesis de lo aprendido no se pierde sino que muta en su naturaleza. Como decía Beltrán Anglada, “no es la gota en el mar sino el mar en la gota”; los Rayos y los regentes retienen su función pero esta vez lo hacen en una porción más grande del silencio, a la espera de que otra culminación de la experiencia nos permita decir nuevamente “Yo Soy”.

Por último, es interesante notar que entre Leo y su opuesto complementario Acuario podemos ver la analogía del latido del corazón; exotéricamente Leo rige al corazón y Acuario al sistema circulatorio; al parecer en los niveles de conciencia humanos ese movimiento es inevitable: sístole (contracción, Leo) y diástole (expansión, Acuario), conciencia individual y conciencia grupal. Si no se toma adecuado impulso en una no es posible la otra. ¿Por qué late nuestro corazón? ¿Cuál es el centro inspirador hacia el cual atraemos el universo y cuán profunda es nuestra relación con los centros superiores del planeta, la Jerarquía y Shamballa? Leo pregunta, y de alguna manera, Leo encierra la respuesta.

Cáncer



Se afirma que Cáncer, el Cangrejo (o el Escarabajo en una analogía superior), es un signo de influencia masiva y de conciencia instintiva. Veamos en lo posible el por qué de esta afirmación, para lo cual analizaremos el rol de los rayos que se expresan mediante el signo y los regentes planetarios que manifiestan tales rayos.

Ante todo debemos recordar las dos notas claves del signo: la exotérica, cuando reina la personalidad, es: “que el aislamiento sea la regla, y sin embargo la multitud exista”. Por su parte, cuando el ser ya ha revertido la Rueda de la Vida, el lema es “construyo una casa iluminada y moro en ella”.

Los rayos que distribuye Cáncer son el Tercero de Actividad Inteligente y el Séptimo de Ceremonial y Magia. Los regentes son Neptuno como jerárquico y esotérico, y la Luna como exotérico.

Dicho esto, tengamos en cuenta que los Rayos implicados aportan aferramiento al plano físico o a lo más tangible de cada plano. Asimismo, podemos ver una combinación de ausencia de rayos pares y de planetas afines al factor mente (Mercurio, Venus, el Sol) en el interior del signo. Como consecuencia, las energías cancerianas por una parte aferran la conciencia a un plano, y por otro impiden la afirmación del yo o la diferenciación permanente con el no-yo (“la multitud existe, aunque rija el aparente aislamiento”). Se trataría, por ello, de la convivencia con la forma en sus más variadas vibraciones.

¿Es esa identificación instintiva negativa? Eso dependerá de cada estado de conciencia, porque las energías de Cáncer producen un efecto de “masividad” en distintos niveles, ya que esto siempre es necesario en determinados estadios de la evolución; a su vez si no es para un ser en particular lo será para otros que lo necesiten.

Cuando la energía se expresa a través de la Luna, lo masivo se experimenta como sumersión en la forma, como conciencia encarnada y por eso “muerta” a la Luz de la Vida. Tierra y agua rigen por igual, y el océano es el de la forma, aunque el ser no se da cabal cuenta de ello.

Cuando nace Cristo en el corazón y la Luna comienza a regir esotéricamente desde Virgo, se descubre que la influencia de Neptuno en Cáncer ha sumido a la conciencia en un nuevo estado de percepción. Esta vez ya se ha pasado por la experiencia exotérica de Leo y existe entonces una identidad claramente definida y aparentemente aislada de los demás, pero el desarrollo de la conciencia conduce a percibir que se es consciente en ciertos niveles e inconsciente en otros más elevados. Esa diferenciación vino gracias a la dualidad de Géminis, el signo anterior a Cáncer, y pudo apreciarse conscientemente en Leo.

En ese caso, el aferramiento o si se quiere la construcción de un vehículo apto se realiza en el plano búdico, y para ello Neptuno ha aportado su influencia disolvente, dando los primeros pasos para la sintetización del tiempo cuando la conciencia comienza a “empaparse” con el silencio.

Neptuno es el Dios de las Aguas, y cumple con su función si consideramos que aquí trabaja primero veladamente con la Luna, volcando a la Vida en el mar de la conciencia de la forma y especialmente el plano astral. Posteriormente el nuevo mar será el plano búdico, y se experimentará allí otra vez la vaga y aún ligera percepción de estar sumergido en algo por aprehender.

Tal conciencia acabará (en lo que hace a la evolución humana) cuando el poder jerárquico de Neptuno lleve a la sumersión en el océano del sistema solar. En tal nivel la evolución recomenzará, una vez que la Luna haya proporcionado desde Acuario una forma adecuada a la conciencia grupal ya generada (la Luna es regente jerárquico de ese signo).

¿Cuáles son los límites de la conciencia instintiva? Se dice en el esoterismo que la identificación con una forma, no importa cuán elevada sea, debe terminar en algún momento. Es allí cuando el signo opuesto, Capricornio, opera como complemento: Capricornio cierra o delimita el “círculo no se pasa” de lo vivido y hace “nacer” a un nuevo estado de conciencia, “cerrando la puerta donde se halla el mal”. Cáncer es la preparación para ello, la encarnación, la experiencia que nos permite abarcar en nuestra conciencia, de manera inconsciente, la esencia de un plano y hasta de un reino. Por supuesto que en algún momento existirá conciencia, pero eso parece ser más función de otros signos (que rigen simultáneamente la evolución). Con Cáncer se produce la vivencia de lo individual en lo masivo, y a su vez el aferramiento a lo masivo, que instintivamente se percibe como propio, lo que aportará materiales más luminosos para una creciente expresión del yo interno.

En conclusión, Cáncer es la puerta de entrada a la evolución en algún tipo de forma, y es por eso que durante su regencia tenemos la oportunidad de realizar interacciones inteligentes, de ser el océano de la conciencia más amplia para los demás (como otros lo son para nosotros) para edificar inconscientemente un hogar interno más luminoso que el presente y a la vez colaborar en la construcción de ese luminoso Hogar que finalmente albergará a la conciencia humana durante la Era de Acuario.

Géminis



Géminis cumple una función fundamental para la humanidad pero en particular para las personas que viven la vida del discípulo, porque sus energías de 2º rayo expresar la atracción de lo inferior por lo superior.

Según El Tibetano, el signo manifiesta sus energías a través de sus tres regentes: el jerárquico es la Tierra, el esotérico es Venus y el exotérico es Mercurio. Veamos algunos de los significados de esta combinación, y de qué manera cada regente colabora con el propósito del signo.

Como marcábamos anteriormente, la energía de Géminis es la del relacionamiento. Precisamente en su lema esotérico se dice “reconozco mi otro yo, y en la declinación de ese yo, crezco y resplandezco”.

Géminis inaugura la conciencia de la dualidad, es su energía la que combinada con la de Sagitario (su complementario) conecta a lo inferior con lo superior, tiende los primeros hilos de contacto y nutre la interrelación que finalmente se resolverá en la síntesis.

Géminis se pone en acción ante una demanda, es decir que opera en respuesta al pedido del yo inferior, y responde a esa invocación de diferentes maneras.

Cuando rige Mercurio la energía del signo se aprecia como el punto central iluminado que aparece en medio del fragor de los tres mundos, e instala un punto de luz en la suplicante conciencia del hombre. Esto orientará en su momento un proceso de integración y equilibrio que permitirá al yo inferior tomar contacto con el yo superior a través de Venus.

En este caso, la relación apuntará a conectar la personalidad con el alma, a ensanchar el canal que une los dos reinos, la Humanidad y la Jerarquía. La dualidad se mantiene y se realiza ahora en el plano mental (regido por Venus, planeta de 5º rayo).

Una vez que el aprendizaje de los demás signos conduce a la necesidad de una nueva dualidad, de otro yo superior, el discípulo se encuentra con que la guía que lo había acompañado inconscientemente a lo largo del Sendero decrece en su luz ante la visión de una Guía Superior: la Mónada. La conciencia planetaria, esencia del alma, cede su lugar de honor ante los tenues destellos de la conciencia solar, y esta nueva vinculación es establecida a través de Géminis.

Empero ahora la dualidad no funciona de un modo común, porque la naturaleza de la percepción es diferente. Aquí la transmisión de las energías mediante la Tierra (regente jerárquico) parece ofrecer una analogía: en efecto la conciencia, de aspirar a algo superior distinto a ella como en las etapas anteriores, ahora se vuelve igual a sí misma, es decir se sitúa e identifica con el presente aquí en la Tierra, en el ahora. La relación seguirá siendo dual y subjetiva, pero ya no será porque la meta esté dentro del tiempo, sino que será de identificación gradual con las energías de un centro superior como es el Sol, a partir de la previa integración con las energías terrestres. Una vez más, lo que no cambia es la energía básica, que es la del Amor-Sabiduría.

He allí una de los posibles significados de la relación que El Tibetano da entre la Tierra y el Sol, a la cual compara con la relación entre los centros raíz y coronario. En ese sentido, sabemos que después de la tercera iniciación comienza el ascenso de las energías alojadas en el centro raíz hacia el coronario, y el iniciado conecta dentro de sí las energías de los siete centros. A partir de allí será cuestión de acrecentar la cualidad y la vida existentes en ellos, pero ya no relacionarlos. Esto sugiere que ya no existe el tiempo (las relaciones) en el sentido convencional, sino que el signo opera de otra manera, tal vez no a través de la diferenciación consciente entre lo inferior y superior sino mediante la identificación y la inclusión en la vivencia de lo superior.

Por último, es interesante acotar que la clave para el funcionamiento de Géminis es la necesidad: el yo superior se ve imposibilitado de actuar, de tender su mano de luz integradora si es que no es invocado, y aquí vemos una analogía del respeto de la Jerarquía por el libre albedrío humano. En todo caso, podemos suponer que si existe un período para pedir, preguntar y conectar espiritualmente ése es el plenilunio de Géminis, y he allí uno de los motivos por el que el festival se llama el de La Gran Invocación.

En conclusión, que la invocación sea tan amplia como nuestra conciencia y así evoque la respuesta del alma humana, es la alegría de todos.

12.6.09

La Astrología de La Gran Invocación - Parte 3


Introducción:
“La Gran Invocación pertenece a la Humanidad toda
y se dirige directamente a la Mente y Corazón del Uno,
en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser”

La interpretación de esta frase permite afirmar que este Uno es nuestro Logos Planetario, quien según enseña la tradición esotérica desde hace miles de años se encuentra atravesando la crisis que lo conducirá a cierta Iniciación Cósmica. Este evento requiere ciertos reajustes dentro de Su cuerpo de manifestación y más específicamente en Su 3º Centro, denominado también Laríngeo, es decir la Humanidad. En respuesta a esta necesidad es que ha sido dada La Gran Invocación, para que llegue a este Centro una mayor cantidad de Luz, Amor y Poder.

Tercera estrofa: Vulcano y el camino del Poder:

“Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,”

Creemos que aquí el centro (que no es un punto, lo cual sugiere que la percepción humana de la Voluntad aún es difusa) se encuentra en la Constelación de Tauro, cuya energía transmuta la aspiración en Voluntad espiritual. El regente jerárquico del signo es Vulcano, y a través de él se conocería la Voluntad de Dios. Eso se refuerza si tenemos en cuenta que en cierto nivel de la evolución humana Vulcano rige al centro coronario.

“Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;”

El Propósito no “afluye” a los hombres, posiblemente porque la humanidad aún no puede recibir el impacto del 1º rayo directamente, por lo que su acción es aún subjetiva, inconsciente o incontrolable.

Aquí Vulcano, una vez que permitió captar la Voluntad, la “suspende sintéticamente” y permite que el 1º rayo guíe a las voluntades humanas no armonizadas con la Gran Voluntad.

“El propósito que los Maestros conocen y sirven”.

El propósito no “desciende a la Tierra”, y si analizamos la Constelación vemos que Vulcano sólo llega al nivel esotérico pero no al exotérico. Eso nos hace pensar que el Propósito en toda su pureza e imperatividad aún no es conocido por la humanidad sino sólo por los Maestros, quienes lo “sirven”. ¿Será esto un augurio de que algún día el Camino del Poder se complete con el cambio de Mercurio por Vulcano como regente en Virgo, el signo del “servicio”?. No lo sabemos, y por ahora el triángulo sería como sigue:

Poder: Tauro

Vulcano en Tauro (jerárquico) – Vulcano en Tauro (esotérico) – Maestros ocultos (custodios temporarios del Propósito)

FIN DE LA TERCERA PARTE

LOGOS – Grupo de Investigación en Astrología Esotérica
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La Astrología de La Gran Invocación - Parte 2


Introducción:

“La Gran Invocación pertenece a la Humanidad toda
y se dirige directamente a la Mente y Corazón del Uno,
en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser”

La interpretación de esta frase permite afirmar que este Uno es nuestro Logos Planetario, quien según enseña la tradición esotérica desde hace miles de años se encuentra atravesando la crisis que lo conducirá a cierta Iniciación Cósmica. Este evento requiere ciertos reajustes dentro de Su cuerpo de manifestación y más específicamente en Su 3º Centro, denominado también Laríngeo, es decir la Humanidad. En respuesta a esta necesidad es que ha sido dada La Gran Invocación, para que llegue a este Centro una mayor cantidad de Luz, Amor y Poder.


Segunda Estrofa: Júpiter y el camino del Amor.

“Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,”

Ese punto lo hallamos en Virgo, la Constelación que distribuye el Rayo del Amor en el sistema. Este signo tiene a Júpiter (planeta del 2º rayo) en su nivel jerárquico, siendo entonces la expresión más elevada del Amor dentro de nuestro sistema solar.

“Que afluya amor a los corazones de los hombres;”

“Afluya” cobra aquí una interesante relevancia, porque el Amor desciende al nivel esotérico y Júpiter es regente de tal dimensión en Acuario. El Amor afluye como “el agua vertida para los hombres sedientos”, según la nota clave del signo.

“Que Cristo retorne a la Tierra.”

Aquí Júpiter es regente de dos signos, Sagitario y Piscis. Ambas interpretaciones pueden ser correctas, si tenemos en cuenta que Cristo vendrá como Salvador (Piscis) para algunos y como Guía espiritual que indica y Es el Sendero (Sagitario) para otros.

El triángulo en este caso sería así:

Amor: Virgo

Júpiter en Virgo (jerárquico) – Júpiter en Acuario (esotérico) – Júpiter en Sagitario y Piscis (exotérico)

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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8.6.09

La Astrología de La Gran Invocación - Parte 1


La Gran Invocación es un mántram muy especial, de una profundidad y riqueza maravillosas. En su aparente simpleza, encierra múltiples significados que están más allá del significado literal de las palabras, ya que éstas pueden entenderse de distinta manera según la conciencia de la persona que la recite. La profundidad es aquí poder.
En este caso vamos a tratar de desentrañar un poco el significado astrológico, y para eso es necesario conocer el por qué de tal propósito. Es sabido que en la teoría esotérica se habla de una trinidad en la manifestación, y que puede resumirse como vida, cualidad y apariencia, siendo sus analogías humanas la mónada, el alma y la personalidad, las cuales controlan al hombre más o menos (esto puede conocerse según el estado de sus centros).
En la Astrología Esotérica se dice que las Vidas de Rayo que animan a las Constelaciones Zodiacales se expresan también en tres grandes niveles: jerárquico, esotérico y exotérico. La analogía está de nuevo presente, y la manifestación de lo espiritual sigue así un “Sendero” hasta inundar con su Vida específica a lo material.

Sin embargo, para que tal irrupción de energía espiritual sea posible es necesario invocarla: en toda invocación empleamos nuestros centros de fuerza para hacer contacto con energías externas, absorberlas y luego irradiarlas hacia el exterior.

Esas “energías externas” son:
1. Cósmica: procede de las estrellas ocultas detrás de los Signos,
2. Solar: emana de los Signos Zodiacales, nutridos por las estrellas, y
3. Planetaria: surge desde los Signos y se expresa a través los planetas de nuestro sistema solar, en los tres niveles antedichos.

Para decirlo de otro modo, conforme a nuestro estado de conciencia y en esa justa medida invocamos energía a nivel de personalidad, alma o mónada. Es por eso que comprender mejor la procedencia de las fuentes nos debería permitir un mejor alineamiento al momento de pronunciar la Gran Invocación, y así un impacto más efectivo en el aura de la humanidad.


Introducción:

“La Gran Invocación pertenece a la Humanidad toda
y se dirige directamente a la Mente y Corazón del Uno,
en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser”

La interpretación de esta frase permite afirmar que este Uno es nuestro Logos Planetario, quien según enseña la tradición esotérica desde hace miles de años se encuentra atravesando la crisis que lo conducirá a cierta Iniciación Cósmica. Este evento requiere ciertos reajustes dentro de Su cuerpo de manifestación y más específicamente en Su 3º Centro, denominado también Laríngeo, es decir la Humanidad. En respuesta a esta necesidad es que ha sido dada La Gran Invocación, para que llegue a este Centro una mayor cantidad de Luz, Amor y Poder.
Ahora analicemos cuáles son las fuentes cósmicas de estas energías y por este término entendemos otros centros de Logos aún mayores, los cuales se encuentra kármicamente relacionados con el nuestro.


Primera estrofa: Venus y el camino de la luz:


“Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,”

En la primera estrofa invocamos la Luz espiritual, y esto nos remite a Capricornio, ya que su nota clave es: “Estoy perdido en la luz suprema, y a esa luz doy la espalda.” Se inicia así el camino descendente.

El regente jerárquico del signo es Venus y desde allí se proyecta la energía; de Venus surge la Llama que da origen a la mente, siendo la Luz su cualidad.

“Que afluya luz a las mentes de los hombres;”

La energía desciende un nivel, del jerárquico al esotérico, y la luz pasa a Venus en Géminis, donde actúa como regente esotérico iluminando a la materia.

“Que la Luz descienda a la Tierra.”

Finalmente se llega a la Tierra, donde Venus actúa como regente exotérico tanto de Tauro como de Libra, revelando en alguna medida su cualidad lumínica. Se aprecia aquí la dualidad de la mente, que es abstracta (Libra) y concreta (Tauro).

El triángulo sería el siguiente:

Luz: Capricornio

Venus en Capricornio (jerárquico) – Venus en Géminis (esotérico) – Venus en Libra y Tauro (exotérico).



FIN DE LA PRIMERA PARTE

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21.5.09

El Trabajo bajo Tauro


Llegamos a un signo muy especial, ya que hasta donde nos es dado entender las energías de Tauro son importantes no sólo para los tres centros principales del planeta (Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad) sino también para nuestro propio Logos Planetario; podríamos entonces suponer que durante la regencia del Signo del Toro se produciría un alineamiento cósmico de grandes oportunidades para el progreso del Plan.

El rayo que distribuye Tauro es el Cuarto de Armonía a través del Conflicto, el cual se expresa a través de Vulcano (1º rayo) como regente jerárquico, nuevamente Vulcano pero como regente esotérico y Venus (5º rayo), el alter ego de la Tierra, como regente exotérico.

Esta relación estrecha con Venus nos da otro indicio acerca de la importancia que tiene para nuestro esquema planetario la energía de Tauro: como en general se conoce, no todos los doce planetas activos físicamente en nuestro sistema (siete sagrados y cinco no sagrados) son empleados por una Constelación para su expresión. Uno de ellos, la Tierra, se encuentra ausente, y la relación kármica de nuestro esquema con Venus nos sugiere que en algún momento de Su evolución, nuestro Logos Planetario podría tomar el lugar de ese planeta como expresión de Tauro. Ese destino lejano se va cumpliendo lentamente (Wesak es su analogía inferior), y es nuestro compromiso espiritual colaborar con el mismo.

Hablando ya del signo en sí, Tauro es la expresión de una cualidad espiritual que es la atracción, atracción que viene a colaborar con el fogoso impulso naciente en Aries y le otorga lo que es necesario para que cumpla la meta elegida.

Durante el período de Tauro es propicio el afianzamiento de las ideas nacidas en Aries; gracias a la poderosa atracción de la materia ejercida por el signo, los fines son forjados por la acción de Vulcano y formulados en forma de ideas en el plano mental gracias a Venus.

Se afirma que es también durante Tauro que el Buda realiza un gran sacrificio y toma contacto con nuestro esquema planetario, y que lo mismo hacen los Maestros con la Humanidad, encabezados por Sus más eminentes miembros.

En ese sentido, la atracción generada por Tauro facilita el contacto con lo inferior y produce la revelación del espíritu oculto en la materia, una de las metas del 4º rayo. La analogía inferior podría la experiencia cotidiana de “descender” la vibración al tratar de ayudar a nuestros compañeros menos aventajados en el Sendero espiritual; en ambos casos tenemos la idea de un sacrificio en aras de lo superior, sea planetario, solar o cósmico.

¿Qué es lo que sucede durante ese sacrificio? Tal vez algo podamos vislumbrar viendo el rol de los regentes. En ese sentido, vemos que el 1º rayo de Vulcano es el rayo de la Síntesis, en la que el Pensador permanece fuera del tiempo, con el aislamiento propio del rayo y debido a que ha podido abarcar totalmente en su conciencia ese aspecto de la realidad que observó y comprendió.

Cada Wesak, es posible que los Maestros estén más cerca que nunca de ese enorme Kurukshetra que es la conciencia humana; es posible que Ellos se vean atraídos, por ciclos o por karma, a “descender” hacia los turbulentos y densos estados de conciencia propios del cuarto reino.

Una vez que han sido atraídos, Su armonía, expresada de forma incomprensible para la humanidad común (recordemos que Vulcano no es conocido aún), hace que los hombres dejen de luchar dentro de la materia. Dicho de otra manera, los Maestros gracias a Su poder de síntesis (dado por la comprensión del Plan para la Humanidad) aunarían la miríada de conciencias diminutas que batallan ciegamente en la ilusión y los atraerían entre sí y hacia sí.

Se podría así decir que Wesak, el momento cumbre del signo, sería como un gran abrazo entre la Jerarquía y la Humanidad, cuya función sería la de incluir cada vez más cerca del aura jerárquica a la conciencia humana, o dicho en otros términos de acercar a cada hombre a su ser superior. Esto sólo es posible a partir del nivel mental, y Venus como regente exotérico (que rige la acción en los tres mundos) es símbolo de ello.

Es precisamente tarea de la humanidad el “subir” al plano mental a esas personas que sentirán directamente el contacto. Para eso trabajamos en cada momento, pero al parecer el Festival de Wesak es la gran oportunidad del año zodiacal.

A su vez, y volviendo con el rol de Vulcano, ese contacto superior parecería operar fuera del tiempo y de la conciencia normal, ya que Vulcano aún no ha sido “descubierto” y el 1º rayo es el del aislamiento. Esto haría que ese acto de amor, de verdadera atracción espiritual que es la acción de Tauro se viera “desde afuera” y como una síntesis de conciencias dispersas, en una unidad que siempre se hace apuntando a algo específico: ese algo, ese epicentro hacia el cual se arrastra a todas esas conciencias es el Plan, o en una vuelta más elevada de la espiral, el Propósito Divino.

Una analogía puede ilustrar lo dicho anteriormente: cada vez que pensamos sobre un asunto, generalmente “vemos” lo que queremos desde el principio, y ésa es la esperanza de gloria de nuestro diminuto Plan. Hasta donde nos es dado entender, en mucha mayor escala y poder ocurriría algo similar con los Planes y Propósitos superhumanos.

El Cuarto Rayo sería empleado con Maestría para armonizar tendencias contrapuestas, y generar un punto de equilibrio espiritual desde y hacia el cual atraer a cuantos estén preparados para ello. Es así como la comprensión, ejercitada con total desapego pero con igual amor, literalmente comprime, achica o hace sencillo al pensamiento y a la vez “expande el equilibrio de adentro hacia fuera, rodeándolo de luz”; por la fuerza de su atracción, la luz encerrada en la materia es revelada con más pureza.

Esto nos permite arrojar más luz sobre una de las interpretaciones de la nota clave del signo: “Veo, y cuando el Ojo ve, todo se ilumina”. Por siquiera un instante “todo es luz”, ese gran sacrificio que es Wesak (y que todos llevamos en nuestro corazón con cada acto de comprensión) revela la gloria oculta y nos deja forjado el resplandor de esa Luz que luego Géminis nos ayudará a reconocer.

Sería Tauro entonces el signo en el cual se experimente la atracción por lo inferior y de lo inferior por lo superior, en un proceso de redención espiritual, donde literalmente Aquellos que velan por la Humanidad enfocan Su mirada sobre sus unidades de conciencia, comprenden los conflictos en que ella está inmersa sin poder resolver y, gracias a esa atracción hacia el Plan, la conducen un paso más hacia esa Armonía que siglo tras siglo es expresada cada vez con mayor belleza.
LOGOS – Grupo de Investigacion en Astrologia Esoterica
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Hércules en Tauro


El trabajo de Hércules correspondiente al signo de Tauro es el 2° de la serie luego del fracaso inicial de Aries y de acuerdo a la Ley el proceso que ha comenzado en el plano mental pero ahora el impulso del pensamiento debe ser seguido por la potencia energetizadora del deseo.
El mito señala que Rey Minos, poseía un toro sagrado que guardaba en la isla de Creta. Euristeo mandó a buscar a Hércules y le dijo que era necesario capturar al toro y traerlo desde la isla a la tierra firme. No fueron dadas instrucciones de cómo debía ser ejecutado esto, y todo lo que Hércules sabía era que el toro era sagrado, que había nacido del mar, y que su destino era ser ofrecido en sacrificio a Minos. Hércules, viajó allí y buscó por toda la isla, persiguiendo al toro de lugar en lugar hasta que por último lo acorraló. Entonces, se nos relata, que él condujo al toro como si fuera un caballo, al otro lado de la isla y a través de las aguas que separaban a Creta de la tierra firme, y así lo trajo a la ciudad de los cíclopes. Estos cíclopes eran seres peculiares de quienes se afirmaba que poseían sólo un ojo colocado en el medio de la frente. Eran gobernados por tres figuras sobresalientes, cuyos nombres eran Brontes, que significa trueno, Steropes, que significa relámpago, y Arges, que significa actividad remolineante. Cuando Hércules llegó con el toro a las puertas de la ciudad, se encontró con los tres cíclopes, quienes recibieron al toro sagrado y se hicieron cargo de él.
Si comenzamos el análisis de la historia, hay que advertir que el Rey Minos, dueño del toro sagrado, también poseía el laberinto en el cual vivía el Minotauro, y el laberinto ha sido siempre el símbolo de la gran ilusión. Creta esta separada de la tierra firme, y la ilusión y el aturdimiento son características del yo separado, pero no del alma en su propio plano, donde las realidades del grupo y las verdades universales constituyen su reino. El toro, para Hércules, simboliza el deseo animal, y los muchos aspectos del deseo en el mundo de la forma, que en su totalidad, constituye la gran ilusión. El discípulo, como Hércules, es una unidad separada, dividida de la tierra firme, el símbolo del grupo, por el mundo de la ilusión, y el laberinto en el cual él vive. El toro del deseo y también su expresión externa, el sexo, tiene que ser asido y dominado y perseguido de un lugar a otro en la vida del yo separado, hasta que llegue el momento en que el aspirante pueda hacer lo que Hércules logró hacer: cabalgar al toro. Montar un animal en los mitos antiguos, significa control. El toro no es matado, es montado y guiado, bajo el poder del hombre. El desafío consiste en seguir el ejemplo de Hércules y conducir al toro del deseo a la tierra firme, donde, en el Templo de Dios, lo entregará al cuidado de los Cíclopes que fueron los primitivos iniciados, teniendo el único ojo acerca del cual hemos estado hablando, el ojo de Shiva, el ojo del Toro en la constelación de Tauro. Pues Hércules mismo no fue sólo el discípulo, sino que fue, en su naturaleza inferior, el toro, y en su naturaleza superior los Cíclopes.
Cuando el toro del deseo ha sido entregado a los Cíclopes, al iniciado de un solo ojo, que es él mismo, el alma, los tres aspectos divinos, empezarán a manifestarse: Brontes, Steroptes y Arges guardarán al toro sagrado, y Hércules, el discípulo, no tendrá más ninguna responsabilidad. Brontes es el símbolo del primer aspecto de Dios, el padre que habló y es el sonido creador. Steroptes significa relámpago o luz, y es el segundo aspecto, el alma. Arges significa actividad remolineante, el tercer aspecto de la deidad, expresándose en la intensa actividad de la vida en el plano físico. Estos aspectos divinos constituyen el factor controlador y una vez que ellos han logrado la posesión del toro sagrado, el problema de Hércules está resuelto.
También es interesante observar que Tauro controla el cuello y la glándula tiroides, la región donde debe emanar la actividad creadora del hombre que se encuentra en el Sendero, debiendo controlar el método de la palabra como forma de expresión. Esto es resultado de la transferencia de energía sexual una vez que se ha controlado el llamado toro del deseo. La característica visión otorgada por este signo debe ser materializada por el trabajo creador y demostrada efectivamente por las pruebas en el signo opuesto de Escorpio.
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Intro a Tauro


La clave del signo de Tauro reside en la correcta comprensión de la segunda gran ley del sistema, la Ley de Atracción, la cual rige la construcción de formas por medio de las cuales Dios o el alma se manifiesta. El efecto de esta ley puede observarse astronómicamente, ya que el nuestro sol y sus planetas giran alrededor de la estrella Alcione (llamada por la tradición esotérica “el Sol Central del Universo”) la cual forma parte del grupo conocido como las Siete Pléyades, ubicado en la Constelación de Tauro.
La Gran Ley de Atracción, como todo lo que existe en el Universo, puede analizarse de forma triple: en el aspecto forma, el signo de Tauro produce la estabilidad que se demuestra en la persistencia de la forma durante un ciclo de existencia y concierne a la interrelación entre aquel que construye la forma y la forma misma, entre los dos polos, el positivo y el negativo, entre espíritu y materia, entre el yo y el no-yo, entre macho y hembra: entre los opuestos. El segundo aspecto corresponde al símbolo de las Pléyades, el trabajo del alma en el ciclo recurrente de la experiencia. El aspecto espíritu está representado por la Pléyade perdida (pues solo 6 son observables a simple vista) símbolo del ocultamiento del espíritu durante el ciclo de la encarnación.
Por su relación con la Ley de Atracción, Tauro ha sido llamado “el signo del mayor incentivo de la vida”, cuya influencia puede expresarse de tres formas distintas: el hombre común es arrastrado de aquí para allá por el Deseo de las formas, el discípulo espiritual en el sendero de retorno es impulsado por la Aspiración de aquello que presiente más allá, mientras que el Iniciado está controlado por la Voluntad Divina, aquella que lo impele a destinar todas sus fuerzas a colaborar abnegadamente con el Plan de Dios.

La astrología tradicional enseña que la Luna es glorificada en este signo y que Venus es el soberano. La Luna siempre ha sido considerada por los ocultistas como el aspecto constructor de formas, siendo por lo tanto el símbolo de la materia. Venus, el gobernante, ha simbolizado tanto el amor terrenal como el celestial, el amor carnal y más ocultamente de la aspiración espiritual. El mito de Hércules remarca la importancia de las Pléyades, que pueden observarse en la cabeza del toro representado en la constelación de Tauro. Estas pueden ser consideradas más taurinas en su naturaleza que el propio Tauro. Este grupo de estrellas fue representado por la figura de una paloma con las alas extendidas sobre el dorso del toro en antiguas pinturas egipcias y la relación se completa al considerar que la paloma es también el pájaro consagrado al planeta Venus.
La Astrología Esotérica aclara la situación señalando que Venus es el Regente Exotérico de Tauro. Es conocida la relación excepcional de alter ego que posee este planeta con la Tierra, dado que representa para ella, lo que el Yo Superior para la personalidad humana. Así el alineamiento entre Tauro, Venus y la Tierra responde a las palabras: voluntad, deseo, ley y plan. El aspecto inferior de este regente se relaciona con el sexo, pero siendo este entendido como el resultado de la atracción entre los opuestos. Los hombres han tratado de obtener por medio de la relación física la fusión y armonía interna que anhelan y eso no puede lograrse. Aquí es donde entra la función superior del Regente Venus, como un planeta sagrado de 5° Rayo, que representa el principio mente, en su función de intermediario que resuelve el problema de la atracción al consumar el matrimonio divino en los niveles de percepción del alma.
Por otro lado, el Regente Esotérico y Jerárquico de Tauro es Vulcano, el planeta oculto de 1° Rayo, también llamado “el modelador de la expresión divina”. La función de este regente es difícil de comprender hasta tanto la humanidad no haya captado la naturaleza del aspecto voluntad, es la energía de este rayo es la que pone en movimiento el proceso evolutivo. Para completar el cuadro es necesario señalar que el signo de Tauro (junto con Escorpio y Sagitario) forma parte del triángulo cósmico que canaliza el 4° Rayo de “Armonía a través del conflicto” hacia nuestro esquema.
Si consideramos ambos regentes, Venus y Vulcano en relación con la energía de la Tierra, podemos observar que el taurino se encuentra ante una combinación de energías muy difícil, esto es 5°, 1° y 3° Rayo ya que el 2° Rayo de Amor – Sabiduría y su línea subsidiaria aparece en forma indirecta por lo que el nativo de este signo carece frecuentemente de ellos.

Una segunda triplicidad relacionada con este signo que resulta interesante analizar es la integrada por las constelaciones ubicadas en los 30° del cielo zodiacal asignados a Tauro; allí se destacan Orión, Erídano y el Aurigna. El antiguo nombre asignado a la constelación de Orion, vulgarmente conocido como “las Tres Marías” era “los Tres Reyes” a causa de las tres hermosas estrellas que se encuentran en el cinturón de Orión, cuyo irregular alineamiento fue reproducido por las pirámides egipcias de Keops, Kefrén y Micerinos. El significado literal de Orión es: “la irrupción de la luz” y representa a los tres aspectos divinos del Espíritu: Voluntad, Amor e Inteligencia. La segunda constelación es un extenso río de estrellas que fluye debajo de los pies de Orión, llamado Erídano o el Río del Juez, simbolizando el río de la vida llevando a las almas a tomar forma a través de la encarnación. La tercera constelación es el Aurigna, el cochero, simbolizando al alma que avanza hacia nuevas tierras. Así resultan más claras las palabras de JOB 38:31“no puedes poner cadenas a las Pléyades o soltar el lazo de Orión”.

Este signo oculta el Secreto del Propósito y el Alineamiento Divinos debido fundamentalmente a la eterna relación que poseen las Pléyades con la constelación de la Osa Mayor y Nuestro Sistema Solar como uno de los triángulos más importantes en toda la serie de relaciones cósmicas. El “ojo del toro” es el “ojo de la revelación” y la bíblica “embestida del toro de dios” muestra firme e incesantemente el Plan divino. Esto es lo que la Luz revela. El llamado “ojo del toro” ubicado en este signo, es la estrella fija de Aldebarán, siendo una de las razones por las cuales se considera a esta constelación confiriendo iluminación. En el Antiguo Egipto el signo de Tauro era llamado “el intérprete de la voz divina” lo que podría ser parafraseado en terminología cristiana “el verbo hecho carne”. El resultado de la influencia taurina es la glorificación de la materia y la consecuente iluminación a través de su medio.
La Energía de la Voluntad emana por intermedio del Centro Coronario del Logos Planetario, desde la Osa Mayor, su vibración es aminorada por una de las Pléyades y entra en el Sistema Solar, allí es absorbida por Shamballa produciendo un efecto dual: en su aspecto inferior una irrupción de la voluntad de la propia personalidad integrada y su reflejo superior es un estímulo de la voluntad de servir al Plan. También existe en este ciclo un alineamiento interesante entre Tauro, Plutón y nuestra tierra, que es sentido como una afluencia extra de fuerza en el Centro de Shamballa. Esta relación causa dificultades en los asuntos mundiales, ya que esta fuerza “aventa e intensifica la luz, eliminando obstrucciones, y desde lejanos lugares comienza a iluminar a través del ojo esas esferas de influencia en el acongojado planeta tierra, impeliendo al toro en su embestida” según relata el Antiguo Comentario.

Analizando otros aspectos astrológicos, la Luna se encuentra exaltada en Tauro, de allí que la forma sea el factor que controla poderosamente, en los comienzos la forma es el anhelo del autointerés y deseo personal, pero la influencia de velada de Vulcano hace que esta sea modelada, glorificada y elevada a los cielos. Urano cae en este signo, aumentando una marcada división entre cuerpo y alma, preparando la dualidad geminiana. Es de destacar que este planeta se encuentra exaltado en el signo opuesto de Escorpio, indicando el éxito final del proceso iniciado. Marte se encuentra en detrimento en este y su actividad acrecienta constantemente la naturaleza guerrera del taurino, ya sea para alcanzar posesiones materiales o la luz del alma y transmutar el deseo en aspiración y esta en voluntad.
Los Decanatos de Tauro están regidos por La Luna o Venus, Mercurio y Saturno, simbolizando la vida de la forma, la actividad inteligente y la lucha intensa que reseñan el trabajo taurino, mientras que Mercurio, el Mensajero de los Dioses, recuerda al hombre que lucha que siempre debe llegar a ser lo que esencialmente es, evadiéndose de la ilusión y penetrando en la luz.

Las notas clave son por demás significativas. “Que la lucha sea sin desmayo” es El verbo de la forma que consiste en tomar, aferrar e ir tras aquello que es deseado. Mientras que el verbo para el alma dice “Veo y cuando el ojo se abre, todo se ilumina”: El ojo del toro cósmico de Dios está abierto y su luz fluye sobre los hijos de los hombres, el ojo del hombre individual debe abrirse en respuesta a esta luz. De aquí que la victoria final sea inevitable pues la potencia de la Energía Cósmica infaliblemente y a su debido tiempo subyugará y reorientará a la Humanidad.

El signo de Tauro forja los instrumentos para la vida constructiva o destructiva, forja cadenas que atan o liberan. Vulcano controla el proceso del tiempo y semejante a un herrero asesta los golpes al maleable metal sobre el yunque construyendo las formas necesarias para la manifestación. De esta manera, este signo se encuentra forjando el camino para el esperado Avatar, el Cual vendrá en el momento adecuado, personificando en Sí mismo la Voluntad de Dios, la divina Voluntad al Bien, la paz por medio de la comprensión y las correctas relaciones entre los hombres.
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21.4.09

El Trabajo bajo Aries


Cuando pensamos en el rol que desempeña para nuestro planeta El Señor de Aries, nos vienen a la mente palabras como iniciativa, comienzo y resurrección. Efectivamente, el signo pone a nuestra disposición esa energía (muchas veces violenta) que permite romper los moldes existentes y manifestar un aspecto más elevado del Plan Divino, hasta entonces inmanifestado.

El signo distribuye dos rayos principales, el Primero de Voluntad o Poder y el Séptimo de Orden Ceremonial y Magia, los cuales se expresan a través de sus regentes: Urano (7º rayo, jerárquico), Mercurio (4º rayo, esotérico) y Marte (6º rayo, exotérico).

Aries es un signo de fuego, y como tal distribuye una energía que abrasa, consume y finalmente revela la divinidad.
Perdido en la materia, el espíritu (o en su caso el alma) aprovecha la energía del signo para quemar desde adentro hacia afuera su prisión, y resurgir así en un nivel cada vez más cercano a la perfección.
En efecto, observando el funcionamiento del signo vemos cómo se da una vinculación entre el Ser que emplea la materia como vehículo de expresión y la expresión misma, expresión que guarda una misteriosa relación con su fuente de origen y es sometida a drásticos reajustes cada vez que se hace necesario cambiar el ritmo de expresión. En ese sentido, cada vez que la “fuente”, por cuestiones kármicas, esté en condiciones de expresarse con mayor poder, empleará la energía ariana a fin de poner en marcha ese proceso.

Es así como actúa Aries, comenzando el prolongado ciclo de la manifestación, proveyendo el fuego que inflama la materia y que impele al Pensador a la actividad con la que contribuirá al Plan y oportunamente lo liberará de la influencia de los tres mundos.
La estabilización de ese poderoso impulso, su inteligente uso y su absorción serán trabajo a realizarse bajo la influencia de otras Constelaciones: provisto el Fuego y producida la resurrección, Aries se detiene y se encamina a nuevos e inescrutables objetivos.
Precisamente la resurrección, comprendida esotéricamente, se halla conectada con el signo y está simbólicamente explicada en la Pascua cristiana: el Salvador, que en este caso es cualquier persona espiritual, tras haber “muerto” en la materia demuestra por intermedio de Aries que tiene el poder interno de renacer en una vuelta más elevada de la espiral, de volver a aparecer en la tierra incluso con un grado mayor de realización espiritual. Ese resurgimiento en un plano superior es también una característica de Aries.

Desde el punto de vista de la psicología esotérica, este proceso bien puede tener que ver con los procesos de polarización, siendo Aries la energía que facilita el surgimiento de un punto de avanzada en un plano superior al que el individuo esté habituado, sea el mental o el búdico en lo que nos concierne. Es el signo que hace dar ese pequeño gran salto, el que revela la primera porción de lo oculto (a nuestra conciencia situada en el plano mental), el que inaugura la evolución en los planos superiores, evolución que por supuesto deberá ser luego completada a través del manejo de muchos otros tipos de energía, pero que aquí “surge” y se renueva.

Retomando el tema de los regentes y teniendo en cuenta que su actuación se aprecia en un orden que va de lo exotérico a lo jerárquico (pasando por lo esotérico) podemos decir genéricamente que la revelación producida por Aries es expresada en el plano mental, y de serlo en el emocional o físico es mediante la encarnación de un arquetipo, una idea o un ideal.
En un primer momento Aries se expresa como ideología, como un ideal o aspiración a lo superior; la tenue pero presentida vinculación entre la Presencia y esa revelación hace pensar a la personalidad que existe un grado de verdad en ese anhelo, y Marte proporciona una expresión feroz y combativa por si es necesario defender dicha postura.
Cuando al acercarse al Sendero del Discipulado y hasta la tercera iniciación es Mercurio el vehículo de manifestación de las energías arianas, la percepción de lo novedoso y la inspiración comienzan a recibirse ya no desde el plano astral sino a través de la intuición, y de la colaboración forzosa y fanática para la apertura de nuevos caminos se pasa al empleo de la voluntad de pacificar y de generar armonía.
Los iniciados, al parecer, emplearían el poder de Aries con mucha mayor visión, ya que existe una combinación entre el principio (1º rayo de la Constelación) y el final o la expresión perfecta (7º rayo, inferior de la Constelación y de su regente jerárquico, Urano). El Plan se lleva a cabo con todo el poder que acarrea el sentido sintético.

A su vez, de los arranques emocionalmente intensos de Marte y de la armonía algo fluctuante de Mercurio se pasa a la regularidad y la organización de Urano, que simboliza así la dominación del fuego incluso en la materia más densa (7º plano, el físico) y la capacidad de persistir en la cresta del fogoso impulso creador, tan necesaria para esas empresas espirituales de largo alcance que las funciones superiores de Aries están destinadas a inaugurar.
Otro elemento de importancia es el sentido del ritmo y del tiempo del 7º rayo, que en esa elevada expresión señala que el iniciado estará en camino de ser capaz de encarnar arquetipos adecuados para la escala presente de evolución de la humanidad y no ideas acaso fantásticas pero carentes de contemporaneidad.

Incluso podría verse el proceso de desarrollo mental bajo otra óptica: de captar ideas desde el plano astral (simbolizado por Marte, planeta de 6º rayo) se pasa una vez en el Sendero del Discipulado a obtener inspiración desde el plano búdico (simbolizado por Mercurio, 4º rayo). Finalmente, el iniciado comienza a vislumbrar la poderosa conciencia de identificación o síntesis que es prerrogativa del Maestro tras la Quinta Iniciación y que le permite abarcar los siete planos con su principio pensante. Hasta tanto, el 7º rayo encarnado por Urano (planeta de lo oculto) hace que paradójicamente el iniciado aparezca (si su trabajo lo abarca) ante la humanidad como un Pensador que inspira pasiones, por los discípulos como Pensador iluminado y por la Jerarquía como el Pensador que trae oscuridad, ya que las nuevas ideas destruyen justamente porque su luz opaca la de las demás. Desde ese punto de vista, la energía de Aries transmitida mediante Urano es “espiritualmente oscura”.

En conclusión, Aries es Fuego y por ende consumidor de materia. Esa función contribuye al Plan (entre otras cosas) porque abre una brecha para una mayor revelación de lo interno. Ese poder se hace sentir principalmente en el plano mental, a través de la recepción de ideas conectadas con el Plan que resquebrajen los moldes tradicionales imperantes en la humanidad, algo que se logra mediante la expresión de arquetipos, ideas o ideales más útiles que las existentes para los tiempos que corren.

Hace 2000 años, la expresión más profunda y abarcante del Amor en nuestro planeta, Cristo, encarnó en sacrificio por la humanidad la Idea religiosa que nos rigió durante toda la Era de Piscis. Ante la memoria de Su sacrificio en la Pascua de Aries y ante la inminencia de Su retorno, acaso nuestro más profundo homenaje pueda ser la encarnación en nuestras mentes y corazones de las ideas de la Era de Acuario, a fin de que conozcamos como humanidad el significado de la Resurrección y sigamos inaugurando la Nueva Era.-
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