Los tres niveles del horóscopo

5.11.09

Leo



Las energías de Leo son muy conocidas por toda la humanidad, porque están vinculadas a la autoconciencia, que es la esencia misma de nuestra evolución.

Podemos decir que las energías zodiacales operan en todos los niveles de evolución, siendo a veces presentidas y a veces no, según el grado de conciencia alcanzado; aún en la evolución superior se toma contacto con energías que de momento no podemos individualizar y por ello presentimos vagamente, en el mejor de los casos.

Otro tema a tener en cuenta es que al parecer la relación entre los rayos que transmite un signo y los regentes planetarios que manifiestan esa energía es muy distinta según los reinos que se estudie, y en el caso de Leo tendríamos una muestra: el hecho de que esté el Sol como regente se vería en el caso humano pero no el del reino animal, porque en éste la conciencia operaría de forma diferente a la humana. Al no ser autoconciencia, no sería necesario “estar en el centro” como facilita el Sol, sino que bastaría alguna expresión más difusa. De ser esto así, nos queda la reflexión de cómo nuestra más elevada conciencia o percepción (la monádica) no es más que un tipo menor dentro de ese esquema del que el Zodíaco es su expresión.

Dos rayos se expresan mediante Leo, el Quinto de Conocimiento Concreto y el Primero de Voluntad o Poder, a través del Sol en los niveles jerárquico, esotérico y exotérico (velando a Urano, Neptuno y un planeta de 2º rayo respectivamente). Veamos algo de los significados subyacentes:

Como marcábamos antes, la energía de Leo es la que produce conciencia, y para que ello ocurra debemos recordar que la conciencia es el resultado de la interacción entre la Vida y la materia; en un sentido misterioso es el alcance de los límites en la materia (en diferentes niveles de sutilidad) el que hace “chocar” la Vida y da nacimiento a la conciencia.

Ahí vemos una función de Quinto Rayo, ya que es el Rayo de la discriminación, la separación y el aislamiento; es el que permite llegar a un “círculo no se pasa” para a partir de allí elaborar un sentido del camino recorrido y generar conciencia. A su vez, el Primer Rayo refuerza la introspección y da la energía necesaria para, una vez aprendida al lección, mantener dominado el reino a través de la síntesis, tan propia de la conciencia realizada.

Esto nos lleva al tema de los regentes: se afirma que el Sol es capaz de emitir energía gracias a su fuerte gravedad, la que provoca en su núcleo una presión tan grande que enciende su contenido y lo vuelve irradiante. La irradiación, entonces, no sería otra cosa que la realización, que esa energía redimida y transformada en conciencia, y por ende en luz.

Aplicando el principio de la atracción de materia, podríamos decir muy genéricamente que la humanidad absorbe energía y la irradia esencialmente en el plano físico, que los discípulos irradian también en el plano astral (empleando como vehículo velado a Neptuno) y que los iniciados hacen sentir su presencia en el plano mental (a través de Urano, velado regente jerárquico). En todos los casos es la potencia del Sol la que parece actuar, pero su fundamento dado por la energía del planeta velado, que es como su fuente de inspiración y le provee la materia a ser atraída.

Es así como las energías de Leo son propicias para una reflexión acerca del Sol de nuestra vida y del Sol en torno al cual gira la humanidad, ese centro de conciencia que se nutre de las energías superiores y que a medida que se profundiza va expresando crecientemente la luz de la realización. Parece asimismo un momento adecuado para delimitar el campo de conciencia de la vida y sintetizar como propias las vivencias dispersas.

En ese sentido se comprenden un poco mejor los dos lemas del signo: el exotérico es “Que existan otras formas. Yo rijo porque Yo soy”. Vemos aquí la analogía inferior del uso de los rayos mencionados; sin embargo la misma Ley pero en un nivel superior es la que permite decir “Yo soy Ése y Ése soy Yo”: cuando la interrelación con Acuario expande la conciencia netamente individual hacia límites más amplios, la síntesis de lo aprendido no se pierde sino que muta en su naturaleza. Como decía Beltrán Anglada, “no es la gota en el mar sino el mar en la gota”; los Rayos y los regentes retienen su función pero esta vez lo hacen en una porción más grande del silencio, a la espera de que otra culminación de la experiencia nos permita decir nuevamente “Yo Soy”.

Por último, es interesante notar que entre Leo y su opuesto complementario Acuario podemos ver la analogía del latido del corazón; exotéricamente Leo rige al corazón y Acuario al sistema circulatorio; al parecer en los niveles de conciencia humanos ese movimiento es inevitable: sístole (contracción, Leo) y diástole (expansión, Acuario), conciencia individual y conciencia grupal. Si no se toma adecuado impulso en una no es posible la otra. ¿Por qué late nuestro corazón? ¿Cuál es el centro inspirador hacia el cual atraemos el universo y cuán profunda es nuestra relación con los centros superiores del planeta, la Jerarquía y Shamballa? Leo pregunta, y de alguna manera, Leo encierra la respuesta.

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