La Astrologia Esoterica

Los tres niveles del horóscopo

10.3.09

El trabajo bajo Piscis


Piscis, el último de los doce signos zodiacales, es por ello el signo de los finales, de la muerte, la liberación y la consecuente salvación. El Tibetano lo llama acertadamente un signo de renunciación, sacrificio y desapego, y ésa es la tónica no sólo de aquellos que tienen a Piscis como Sol, o (mejor aún) como Ascendente, sino que se trata de las cualidades que experimenta la humanidad como conjunto cuando cíclicamente vuelve a entrar bajo su influencia. Les proponemos ahora un breve repaso de los rayos principales de esta constelación, de sus planetas regentes y de cómo estos elementos se combinan para configurar la nota clave pisciana, sintéticamente resumida en las tres palabras anteriores.
Los rayos que distribuye Piscis (y esto sólo con respecto a la humanidad) son el Segundo de Amor-Sabiduría y el Sexto de Devoción e Idealismo; ambos rayos pares, que se encuentran en la segunda gran línea divina y que en principio poco tienen que ver con las cualidades que enunciamos anteriormente.
Por su parte, los regentes del signo son, según el Tibetano, Plutón como jerárquico y como esotérico, y Júpiter como regente exotérico. En ciertos pasajes de Astrología Esotérica se dice que un reverenciado astrólogo de la época de AAB y uno de los pioneros en el abordaje esotérico, Alan Leo, había acertado en considerar a Neptuno como el regente exotérico del signo y no a Júpiter, como lo hacía la astrología hasta el siglo diecinueve.
¿Qué significa que se haya producido un cambio de regente? Bien, es posible que ello se deba a un acrecentamiento en la respuesta humana a las elevadas vibraciones de Neptuno, que es un planeta sagrado y del cual la humanidad recién fue objetivamente consciente tras su descubrimiento en 1850; el hecho de que un planeta determinado sea regente exotérico implica que la humanidad común es sensible a esa expresión. Justamente por ello Vulcano, un primer rayo superior, no sólo no ocupa tal posición sino que ni siquiera ha sido descubierto aún.
Lo concreto es que ese cambio de Júpiter a Neptuno puede estar vinculado a la Reaparición de Cristo, y al comienzo de los preparativos para Su retorno, como veremos más adelante.
Al abordar más de lleno el funcionamiento del signo, debemos tener en cuenta que tanto en el caso de Júpiter como en el de Neptuno, el proceso que vive la humanidad común es de una suerte de unión, la cual esotérica y jerárquicamente (Plutón) es la muerte.
El símbolo de Piscis son los dos peces unidos por una suerte de hilo, el hilo de la conciencia, y la función del signo es la disolución de tal vínculo y el “retorno” al Hogar. Eso implica primero una fase de fusión (Júpiter) y luego una de aspiración hacia la meta, tarea que en este caso desempeñaría Neptuno. De allí que podría hablarse de una evolución en el cambio de regente; puede que la humanidad haya pasado (genérica y no particularmente hablando) del proceso de reunión al momento de emitir el llamado, de aspirar hacia algo superior. Para eso sería menester no ya un segundo sino un sexto rayo
Ese llamado es un llamado de Salvación: como todos sabemos, abatida por los eones de evolución y los consecuentes éxitos y fracasos, la humanidad llegó a un punto de aparente debilidad en que finalmente sucumbió ante las fuerzas involutivas, un acontecimiento que desembocó en una destrucción de la que aún hoy subsisten profundas memorias y cuya manifestación más tangible fue el período de la Gran Guerra. Llegado a tal estado de caos, dolor y soledad, la humanidad como conjunto emitió un llamado o una invocación a sus principios más elevados, a esos centros que conocemos como la Jerarquía y Shamballa, y acaso haya sido allí cuando comenzó a emplear las energías de Neptuno en vez de las de Júpiter.
Lo cierto es que dicho llamado evocó respuesta, y a través de la regencia de Plutón llegó una poderosa oleada de energía de primer rayo que literalmente barrió con muchos de los obstáculos que impedían el progreso en tal momento. Tal descenso tuvo lugar exotéricamente vía Escorpio (signo muy afín con la humanidad) y de allí que dicho planeta también se haya consolidado como regente del signo.
Lo anterior nos sugiere que la Salvación, la gran función de Piscis, es comprendida actualmente desde la humanidad común como invocación al Retorno de Cristo, el símbolo del Segundo Rayo distribuido por el signo, y que para los discípulos la tarea es emplear ese puente que une los dos peces, la Jerarquía y la Humanidad, de manera de proyectar sobre la aspiración generada por Neptuno los drásticos reajustes que facilita Plutón, destruyendo las formas caducas para renacer en Aries con vestidos nuevos.
Los iniciados, al parecer, emplearían el poder de Plutón como regente jerárquico ya no para salvar individuos sino para salvar almas; el primer rayo no horadaría aquí las titubeantes luces de la personalidad para permitir la apertura de un canal por el cual retornar al alma, sino que abriría un resquicio por el cual penetrasen los puntos oscuros que tornarían insuficiente la radiante luz del alma e impelieran al discípulo a buscar el Retorno a la Mónada.
La función entonces de la Constelación bien podría tener que ver con la generación de una abstracción (6º rayo, Neptuno) que permita un desapego de nuestras formas más groseras y una aspiración a lo superior; de allí se precipitaría sobre la forma esa energía invocada que produciría la liberación a través de la destrucción de las limitaciones (1º rayo, Plutón), sea de los Maestros e iniciados sobre los discípulos o de éstos sobre la humanidad.
Nótese que el desapego pisciano no parece ser una destrucción horizontal, sino que destruye por abstracción, por aplicación de la voluntad de encaminarse hacia lo superior, posiblemente por tener al Sexto y no al Primer Rayo como rayos mayores. Pero pese a que es el Amor el que primero invoca y luego atrae la liberación, ésta no es posible sin la Espada, y no debe ser casual que el primer rayo sea el agente de los Rayos Segundo y Sexto en esta Constelación.
Asimismo, debemos tener presente que al ser los Rayos Mayores el Segundo y el Sexto, se produce una atracción natural sobre todas las formas de conciencia que kármicamente se hallan comprendidas en la conciencia del Salvador, haciéndonos recordar la frase de Cristo: “Cuando Yo haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos hacia Mí” (Juan, 12, 32). El dolor de la liberación de esos pequeños seres es misteriosamente compartido por el Salvador, y Piscis parece encerrar su más profundo significado.
En síntesis, Piscis es un buen período para considerar temas como la liberación de la conciencia, la muerte, la abstracción, la destrucción y el rol de Cristo, y el rol de los discípulos destructores así como de los constructores con respecto a tal fin.
Posiblemente sea un período propicio para cargar sobre nuestros hombros amorosos (y dejar hacer a Quienes nos guían) la responsabilidad de liberar a los demás, con la consecuente incomprensión y dolor que esa destrucción acarrea, y tal vez para reconocer luego que tras compartir ese dolor en aparente aislamiento habremos facilitado la comunicación entre dos reinos, capacitando a la humanidad para percibir más nítidamente esa Respuesta Liberadora por la que hace siglos todos esperamos respuesta...
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Intro a Piscis




Los antiguos estudiantes de Astrología identificaron al símbolo del signo de Piscis con 2 peces: uno, el mayor, apunta hacia arriba y el otro, el menor, nada hacia el horizonte; ambos peces no se encuentran libres sino unidos por un hilo. El análisis esotérico del mismo nos indica que los peces representan al Alma y a la Personalidad, vinculadas por el Sutratma o Hilo de la Vida, durante el ciclo de la vida manifestada. Esta relación dual puede ser estudiada en base a tres Palabras Clave:
1º Esclavitud: rige el largo ciclo de eones en los que el alma está presa de la materia, representado en el relato bíblico de Jonás siendo tragado por la ballena. Es el Cristo interno aprisionado por la personalidad.
2º Desapego: ya en la rueda revertida y con el desarrollo de la aspiración espiritual, la personalidad es sutilmente “cautivada” por el alma.
3º Muerte: representa el final de la esclavitud dual, a través de una renunciación dual: el alma renuncia a la personalidad, representando la vida de la materia, y a su vez renuncia a la Mónada, la superior Vida del Espíritu a la que por siempre ha anhelado.
A través de este gran sacrificio, el Aspecto Vida se libera totalmente de la forma, se produce la oculta muerte de ambos peces y “ya no existe el mar”, tal como señala en uno de sus pasajes el Antiguo Comentario.

Muchos saben que Piscis es un signo de agua, este elemento siempre ha representado el Plano Astral o Emocional. Si relacionamos esto con el símbolo de los peces podemos comprender la situación del alma sometida a los poderes psíquicos inferiores, acerca de los cuales Krishna (el Maestro) sabiamente advirtió a Arjuna (el discípulo) “Quien abandona la mente a los vagabundos sentidos, deja a su alma tan desvalida como una barca sin timón en medio de la tempestad” (Bhagavad Gita 2:67).
Piscis integra la llamada Cruz Mutable de los Cielos, relacionándose a través de los Rayos 2º y 6º con Géminis, Virgo y Sagitario; esta afecta la conciencia de la masa humana y produce el aprisionamiento de la materia, la necesidad de aprender las lecciones de la servidumbre y de transformarla en servicio. A través de las sucesivas encarnaciones en la rueda tradicional del zodíaco en las que el alma es sometida a las influencias de los signos que integran esta Cruz, el hombre no desarrollado atraviesa un doble proceso:
Piscis: caracterizado por temperamento sensible y fluido, psíquico y mediúmnico, la conciencia instintiva puede ser intuición potencial.
Sagitario: desarrollo del instinto egoísta centralizado para lograr sus propios deseos.
Virgo: introspección mental y análisis crítico impiden la fluidez y permiten estabilidad.
Géminis: comienzo tenue de los procesos intuitivos.
(También es interesante observar el equilibrio mutuo que se da entre los opuestos Piscis-Virgo y Sagitario-Géminis).

El análisis de las notas clave también aporta luz sobre la cualidad del signo y sus efectos. Para el hombre no evolucionado dice: “Entra en la materia” reafirmando lo dicho anteriormente acerca del período en el que la materia “ciega el alma a la verdad, manteniéndola en vil cautiverio”. Mientras que la otra palabra señala la meta final para el Salvador del Mundo: “Abandono la casa del Padre y al regresar Yo Salvo”. Este aspecto del signo es también abordado en el 12º Trabajo de Hércules llamado “La captura de la roja manada de Gerión”. En este final de la rueda le es encargada la tarea de encaminarse a la región de Eritia, donde la Gran Ilusión se encontraba entronizada (la tierra) y rescatar a la manada de ganado rojizo, que simboliza a la humanidad presa de los deseos inferiores, la cual era mantenida ilegalmente cautiva por Gerión, un hombre de 3 cabezas, 3 cuerpos y 6 manos, aquí podemos entender que se trata de la triple personalidad, formada por los cuerpos mental, astral y físico-etérico. El monstruo muere al recibir una flecha de la ardiente aspiración del arco del héroe, encontrando nuevamente aquí una alusión a la muerte de la personalidad. Finalmente, Hércules culmina su tarea como Salvador, colocando a la manada humana en una copa de oro y la elevándola hacia la Ciudad Sagrada, que podríamos llamar el Reino de Dios. Es así como la serie de mitos culmina y el héroe es felicitado por su Maestro: “Finalizados tus trabajos humanos, tus tareas cósmicas comienzan.”

En este signo existen 3 Constelaciones importantes y el oculto significado de su relación también nos pinta el trabajo del discípulo en los tiempos cósmicos de este signo. La primera de ellas es llamada “la faja” y nos recuerda el hilo que une ambos peces; la segunda es Andrómeda, quien en la antigua mitología era una mujer encadenada representando a la materia subyugada por el alma; y la tercera es el Rey llamado Cefero, padre de Andrómeda, simbolizando el Aspecto Padre o Espíritu, único victorioso al final del gran ciclo.

Piscis rige esotéricamente los pies y de allí la importancia que alcanzó la idea de “progresar en el Sendero” durante la Era pasada. Cuando el Cristo vino hace 2000 años a principios de Piscis, presentó la realidad del reino de Dios, recorrió el camino para llegar a ÉL y proclamó el onceavo mandamiento: “amaos los unos a los otros como yo los he amado”.En la actualidad, el desafío para todos los discípulos espirituales consiste en desapegarse de esa amada pero cristalizada imagen pisciana y crear la invocación suficiente para Su Reaparición, manteniendo una actitud de expectación que nos permita reconocer y comprender Su próxima Revelación correspondiente a la Era de Acuario.
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