21.4.09

El Trabajo bajo Aries


Cuando pensamos en el rol que desempeña para nuestro planeta El Señor de Aries, nos vienen a la mente palabras como iniciativa, comienzo y resurrección. Efectivamente, el signo pone a nuestra disposición esa energía (muchas veces violenta) que permite romper los moldes existentes y manifestar un aspecto más elevado del Plan Divino, hasta entonces inmanifestado.

El signo distribuye dos rayos principales, el Primero de Voluntad o Poder y el Séptimo de Orden Ceremonial y Magia, los cuales se expresan a través de sus regentes: Urano (7º rayo, jerárquico), Mercurio (4º rayo, esotérico) y Marte (6º rayo, exotérico).

Aries es un signo de fuego, y como tal distribuye una energía que abrasa, consume y finalmente revela la divinidad.
Perdido en la materia, el espíritu (o en su caso el alma) aprovecha la energía del signo para quemar desde adentro hacia afuera su prisión, y resurgir así en un nivel cada vez más cercano a la perfección.
En efecto, observando el funcionamiento del signo vemos cómo se da una vinculación entre el Ser que emplea la materia como vehículo de expresión y la expresión misma, expresión que guarda una misteriosa relación con su fuente de origen y es sometida a drásticos reajustes cada vez que se hace necesario cambiar el ritmo de expresión. En ese sentido, cada vez que la “fuente”, por cuestiones kármicas, esté en condiciones de expresarse con mayor poder, empleará la energía ariana a fin de poner en marcha ese proceso.

Es así como actúa Aries, comenzando el prolongado ciclo de la manifestación, proveyendo el fuego que inflama la materia y que impele al Pensador a la actividad con la que contribuirá al Plan y oportunamente lo liberará de la influencia de los tres mundos.
La estabilización de ese poderoso impulso, su inteligente uso y su absorción serán trabajo a realizarse bajo la influencia de otras Constelaciones: provisto el Fuego y producida la resurrección, Aries se detiene y se encamina a nuevos e inescrutables objetivos.
Precisamente la resurrección, comprendida esotéricamente, se halla conectada con el signo y está simbólicamente explicada en la Pascua cristiana: el Salvador, que en este caso es cualquier persona espiritual, tras haber “muerto” en la materia demuestra por intermedio de Aries que tiene el poder interno de renacer en una vuelta más elevada de la espiral, de volver a aparecer en la tierra incluso con un grado mayor de realización espiritual. Ese resurgimiento en un plano superior es también una característica de Aries.

Desde el punto de vista de la psicología esotérica, este proceso bien puede tener que ver con los procesos de polarización, siendo Aries la energía que facilita el surgimiento de un punto de avanzada en un plano superior al que el individuo esté habituado, sea el mental o el búdico en lo que nos concierne. Es el signo que hace dar ese pequeño gran salto, el que revela la primera porción de lo oculto (a nuestra conciencia situada en el plano mental), el que inaugura la evolución en los planos superiores, evolución que por supuesto deberá ser luego completada a través del manejo de muchos otros tipos de energía, pero que aquí “surge” y se renueva.

Retomando el tema de los regentes y teniendo en cuenta que su actuación se aprecia en un orden que va de lo exotérico a lo jerárquico (pasando por lo esotérico) podemos decir genéricamente que la revelación producida por Aries es expresada en el plano mental, y de serlo en el emocional o físico es mediante la encarnación de un arquetipo, una idea o un ideal.
En un primer momento Aries se expresa como ideología, como un ideal o aspiración a lo superior; la tenue pero presentida vinculación entre la Presencia y esa revelación hace pensar a la personalidad que existe un grado de verdad en ese anhelo, y Marte proporciona una expresión feroz y combativa por si es necesario defender dicha postura.
Cuando al acercarse al Sendero del Discipulado y hasta la tercera iniciación es Mercurio el vehículo de manifestación de las energías arianas, la percepción de lo novedoso y la inspiración comienzan a recibirse ya no desde el plano astral sino a través de la intuición, y de la colaboración forzosa y fanática para la apertura de nuevos caminos se pasa al empleo de la voluntad de pacificar y de generar armonía.
Los iniciados, al parecer, emplearían el poder de Aries con mucha mayor visión, ya que existe una combinación entre el principio (1º rayo de la Constelación) y el final o la expresión perfecta (7º rayo, inferior de la Constelación y de su regente jerárquico, Urano). El Plan se lleva a cabo con todo el poder que acarrea el sentido sintético.

A su vez, de los arranques emocionalmente intensos de Marte y de la armonía algo fluctuante de Mercurio se pasa a la regularidad y la organización de Urano, que simboliza así la dominación del fuego incluso en la materia más densa (7º plano, el físico) y la capacidad de persistir en la cresta del fogoso impulso creador, tan necesaria para esas empresas espirituales de largo alcance que las funciones superiores de Aries están destinadas a inaugurar.
Otro elemento de importancia es el sentido del ritmo y del tiempo del 7º rayo, que en esa elevada expresión señala que el iniciado estará en camino de ser capaz de encarnar arquetipos adecuados para la escala presente de evolución de la humanidad y no ideas acaso fantásticas pero carentes de contemporaneidad.

Incluso podría verse el proceso de desarrollo mental bajo otra óptica: de captar ideas desde el plano astral (simbolizado por Marte, planeta de 6º rayo) se pasa una vez en el Sendero del Discipulado a obtener inspiración desde el plano búdico (simbolizado por Mercurio, 4º rayo). Finalmente, el iniciado comienza a vislumbrar la poderosa conciencia de identificación o síntesis que es prerrogativa del Maestro tras la Quinta Iniciación y que le permite abarcar los siete planos con su principio pensante. Hasta tanto, el 7º rayo encarnado por Urano (planeta de lo oculto) hace que paradójicamente el iniciado aparezca (si su trabajo lo abarca) ante la humanidad como un Pensador que inspira pasiones, por los discípulos como Pensador iluminado y por la Jerarquía como el Pensador que trae oscuridad, ya que las nuevas ideas destruyen justamente porque su luz opaca la de las demás. Desde ese punto de vista, la energía de Aries transmitida mediante Urano es “espiritualmente oscura”.

En conclusión, Aries es Fuego y por ende consumidor de materia. Esa función contribuye al Plan (entre otras cosas) porque abre una brecha para una mayor revelación de lo interno. Ese poder se hace sentir principalmente en el plano mental, a través de la recepción de ideas conectadas con el Plan que resquebrajen los moldes tradicionales imperantes en la humanidad, algo que se logra mediante la expresión de arquetipos, ideas o ideales más útiles que las existentes para los tiempos que corren.

Hace 2000 años, la expresión más profunda y abarcante del Amor en nuestro planeta, Cristo, encarnó en sacrificio por la humanidad la Idea religiosa que nos rigió durante toda la Era de Piscis. Ante la memoria de Su sacrificio en la Pascua de Aries y ante la inminencia de Su retorno, acaso nuestro más profundo homenaje pueda ser la encarnación en nuestras mentes y corazones de las ideas de la Era de Acuario, a fin de que conozcamos como humanidad el significado de la Resurrección y sigamos inaugurando la Nueva Era.-
LOGOS – Grupo de Investigacion en Astrologia Esoterica
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