La Astrologia Esoterica

Los tres niveles del horóscopo

31.12.09

Escorpio


Las energías y fuerzas distribuidas por Escorpio son, de acuerdo al Tibetano, una de las más importantes para la humanidad actualmente, ya que llevan al ser espiritual directamente al campo de batalla, cara a cara frente al desafío que kármicamente le corresponda. Es el signo bajo el cual se lucha y se triunfa, en caso de que prevalezca el alma.

El rol de Escorpio se ve bastante aclarado si examinamos los regentes. Exotérico y esotérico es Marte, y jerárquico Mercurio. Marte es un planeta de 6º rayo no sagrado, por lo que su efecto se hace sentir más en la materia que en la conciencia. En este caso Marte saca a la luz las imperfecciones mediante el estímulo de la naturaleza inferior; se suele decir que la marcada presencia de Escorpio en una carta natal implica que el sujeto conocerá efectivamente la experiencia del pecado, de ceder a las tentaciones y en suma de identificarse con los males del mundo para luego renacer de sus cenizas y elevarse a mayores cumbres espirituales.

Ese sobreestímulo de lo inferior es la simiente de la lucha; recordemos que la influencia de Escorpio se hace presente para poner a prueba un punto de tensión adquirido ya en Libra; en el caso de un discípulo el contacto con el alma hace que no se pierda del todo el rumbo, no importa cuán profunda sea la caída y allí comienza la lucha, el esfuerzo por purificar la naturaleza inferior y comprender el por qué del conflicto entre lo inferior y lo superior.

Marte en su influencia exotérica atrae con intensidad todo tipo de pasiones y de una manera misteriosa la hace morir, por un desborde o saturación. Por su parte la regencia esotérica presupone un al menos tenue despertar crístico en el ser y por ende un ínfimo contacto con el alma; a partir de esa leve conciencia espiritual es que se vivencia la dualidad y se lleva a cabo conscientemente la prueba de controlar la naturaleza inferior y sujetarla a lo que realmente se quiere en la vida, que no es otra cosa que vivir plenamente bajo el canon del alma.

El 6º rayo de Devoción e Idealismo distribuido por Marte en un determinado estadio sigue siendo apropiado para luchar pero no para triunfar, ya que el elemento deseo que prepondera en esa fuerza debe ceder lugar a las vibraciones del 4º plano, el plano búdico. Se podría pensar entonces que cuando se termina la dominación del deseo y la aspiración (que siempre implica dualidad), allí comienza a regir Mercurio, planeta de 4º rayo, y por su intermedio se consigue la captación sintética que detiene en el tiempo los conflictos y los encierra en un círculo luminoso de armonía, para decirlo simbólicamente; se trataría del empleo de la conciencia búdica, cuya consecuencia es la luz, para comprender las situaciones y a través de esa comprensión comprender que bajo la vibración de la Vida no existe conflicto sino unión.



Escorpio guarda otra lección interesante, siempre girando en torno de la lucha. Es la relacionada con el trabajo de Hércules, el discípulo, en el que vence a la hidra de Lerna (la naturaleza inferior), a la que siempre le crecían las cabezas cada vez que él se las cortaba. Fue necesario no que solamente luchara, sino que la sacara a la luz del día y le cortara las cabezas con fuego, que simboliza la luz y la mente y en casos superiores otros tipos de fuego y estados de conciencia.

Lo concreto es que Hércules, como comúnmente se suele hacer, comenzó por encarar el problema a través de la confrontación directa y podríamos decir horizontal, y fracasó por ello. Fue necesario que elevara su vibración y dejara afluir la luz del alma para alcanzar la victoria. Esto, que es fácil de recordar pero no tanto de practicar cuando se presenta un problema o se debe dominar la naturaleza inferior, tiene el detalle de que Hércules empleó su fuerza para levantar en vilo a la hidra y llevarla hacia la luz. Rara vez los desafíos que nos presenta la energía de Escorpio, desafíos cuya resolución nos llevará a la iniciación, están por debajo de nuestras posibilidades, más bien se trata de una lucha cara a cara, en la que según el nivel espiritual se podrá tener en claro la meta y el resultado de la guerra, pero no en claro el resultado de la lucha. Es necesaria mucha voluntad y no sólo deseo para salir adelante, para inclinar la balanza del lado del alma.

Precisamente la humanidad en general ha aprendido esto y es por ello se ha producido un cambio de regente en Escorpio. A nivel exotérico, el masivo, funciona Plutón (descubierto en 1930) y ya no tanto Marte, lo cual indica que la humanidad ha sido capaz de ser sensible como para invocar la voluntad espiritual a fin de resolver sus desafíos. Por primera vez un planeta de 1º rayo de Voluntad o Poder vierte sus energías a nivel exotérico, y esto tiene una correlación en las palabras del Tibetano, cuando habla de que durante la primera mitad del siglo XX el centro de Shamballa por primera vez en la historia planetaria realizó un contacto directo y permanente con la humanidad, sin intermediación de la Jerarquía, y eso inclinó definitivamente el resultado de la lucha a favor de las fuerzas aliadas, que durante las dos guerras mundiales habrían representado a las fuerzas de la Luz.

Es por eso muy interesante la experiencia de Escorpio, algo más para quienes lo tienen como Ascendente, Sol o Luna pero útil para todos; es la oportunidad de luchar y demostrar cuán sincero es el compromiso espiritual que se tiene en la vida, y cuánto se está dispuesto a hacer con tal de lograr la prevalecencia del alma o el espíritu. Esa lucha pequeña e insignificante tiene una relación directa con la humanidad, que se nutre de las acciones individuales y grupales, y allí reside nuestra responsabilidad espiritual.

En caso de triunfar, lógicamente que surgen nuevas formas de lucha que culminan en la 4º iniciación, pero queda en la memoria del alma la noción de la omnipotencia del espíritu, la más o menos vaga convicción de que la firme sujeción a los valores superiores acaba dominando a los inferiores, y esa conciencia produce una irradiación muy particular, que podríamos llamar la revelación de la verdad, sea a la escala que sea, porque Escorpio distribuye principalmente energía de 4º Rayo de Armonía a través del Conflicto, y ese es el rayo de la revelación de la luz dentro de la materia, que se vuelve irradiante. Es asimismo el destino de la humanidad, regida por ese rayo y que por eso atravesó un ciclo tan especial e importante durante el siglo pasado.



En resumen, el período regido por Escorpio es un período de convivencia más cercana con las vibraciones inferiores, que posiblemente salgan a la luz, pero es paralelamente nuestra oportunidad para permanecer firmes y aprovechar la elevación que debimos afianzar bajo Libra. Ningún esfuerzo es mucho para seguir adelante y triunfar bajo Escorpio, porque a pesar de la oscuridad de la batalla los frutos siempre son dulces; para dar testimonio de ello tenemos a los iniciados y los Maestros, que en su desarrollo espiritual han pasado por todas esas pruebas y perdido y ganado, cumpliendo su compromiso kármico con la humanidad.

Escorpio está ahí para recordarnos el destino del hombre es la revelación de la divinidad, y también para poner a prueba nuestra sinceridad como discípulos espirituales.

30.12.09

Libra


Cuando intentamos comprender el funcionamiento del signo de la Balanza, es útil tener en mente el concepto de equilibrio, que es a su vez causa de la tensión a adquirir en Libra, y se alcanza trabajosamente a través de la experiencia de la dualidad.

De acuerdo a nuestras reflexiones Libra, tanto cuando está especialmente activo como Luna, Sol o Ascendente individual como cuando hace sentir su presencia a niveles planetarios genera o facilita la llegada a un punto de comprensión en el desarrollo espiritual, y ese “detenimiento en tiempo” crea automáticamente un punto de tensión. Dicho estado es sumamente importante para la continuidad en el Sendero, porque cada punto de tensión significa una futura exteriorización de fuerza o energía espirituales, y en un sentido misterioso la adecuada construcción de dicho punto de equilibrio condicionará la calidad y más que nada la permanencia del servicio a prestar en el futuro.

Desde el punto de vista de la materia la actividad de Libra es vista como una pausa, como un detenerse a reflexionar y acaso a recargar vitalidad antes de afrontar nuevos retos. En cambio desde un punto de vista espiritual Libra implica dinamismo puro, ya que es ese momento de absorción con silencio en el que se recoge o aprehende la Voluntad Divina y se la manifiesta firmemente como Ley. Esa Ley interior deberá respetarse durante el siguiente estadio de la conciencia, Escorpio, cuando se prueba cuán fiel se permanece a esa realidad interna.

En la literatura esotérica se menciona a Libra como el signo activo en la época del pecado original y la infracción a la Ley divina, y esto nos permite asimismo ahondar en su significado. En la Biblia ese momento está marcado por el episodio en que Adán y Eva se reconocen como seres individuales y así distinguen el bien del mal, que no es sino la puesta en práctica de la separatividad, el principio de la evolución autoconsciente.

También existe una mirada relacionada a Libra en el relato de la época de Lemuria, durante la cual surgió a la existencia la mente humana. Nuevamente encontramos al signo como el facilitador de la dualidad, lo cual genera conflicto y paralelamente un impulso más o menos intenso de reunión de los opuestos, y es por ello que el Tibetano afirma que esotéricamente Libra rige el sexo. Veremos mejor esto a continuación.

Libra, que distribuye el Tercer Rayo de Inteligencia Activa, tiene tres regentes distintos que colaboran a su manera en esa construcción del equilibrio: el exotérico es Venus, el esotérico Urano y el jerárquico Saturno. A través de Venus es posible al afianzamiento en el plano mental, que es cuando se puede encontrar ese punto central de equilibrio que oportunamente abarca los pares de opuestos. Aquí vemos también por qué el sexo es la expresión física de Libra: Venus es la mente, y según el Tibetano la causa del deseo es la incipiente actividad e interacción de la mente con el plano físico denso; cuando la dualidad percibida intenta resolverse (más allá de lo natural), a través de la materia, toda la cuestión del sexo se ve grandemente estimulada, como se dice que sucedió en Lemuria y sigue sucediendo en la actualidad al emplear la mente-deseo para energetizar en centro sacro.

Por su parte Urano establece el ritmo deseado, anhelado o intrínsecamente aplicado en todos los planos, y de esa manera perpetúa el equilibrio. Y por último la presencia de Saturno nos sugiere que la disciplina, la restricción y el dolor presiden al signo de Libra, no desde una perspectiva emocional sino a nivel cósmico, ya que Saturno (o Cronos) es la expresión del tiempo, y en la existencia misma del tiempo ya encontramos la simiente de la separatividad, dada la diferencia entre lo Absoluto y lo Relativo, y el “dolor” de la limitación a un “círculo no se pasa” en la Vida debido a la elección de un Propósito determinado.



Lo anterior tiene que ver con la dualidad, ya que Libra triunfa como equilibrio pero elabora el mismo a través de la vivencia de algo ajeno a la propia conciencia.

Es así como a través de la actividad de este signo el propósito no es la iluminación sino la generación de tensión, espiritualmente entendida. Esto es realizado en pequeña escala a través de acontecimientos cotidianos, y tiene una elevada expresión en la comprensión de la separatividad, algo que al parecer no es posible mediante el amor, sino que éste debe complementarse con la comprensión del Propósito sintético que motivó tal dualidad y que es su fundamento oculto.

No se trata entonces de progreso, en el sentido en que comúnmente lo entendemos; y es por eso que este signo se complementa con la energía de Aries, que impulsa a ese punto de tensión adquirido hacia nuevas realizaciones y un más elevado equilibrio.

Y aquí tenemos un aspecto destacable, y es la calidad de dicho punto de tensión o de luz: como sabemos la conciencia humana tiene la característica de ser sensible a una amplia variedad de vibraciones; la continuidad de la atención puesta en un punto crea una tensión que concentra materia y permite así expresar más energía.

Una de las lecciones de Libra tiene que ver con la adecuada percepción y selección de tal punto de tensión, y sobre todo con el aprender a participar y a utilizar los puntos de equilibrio grupales y planetarios, o en otras palabras los Ashramas o la conjunción de los Ashramas y el tenue destello de Shamballa, en lo que a los discípulos refiere.

A medida que la conciencia se va descentralizando y posteriormente identificando con la Vida, Libra juega un rol muy especial en la construcción de un equilibrio a partir del cual no seamos ocultamente expulsados de dichos puntos de tensión creadora. Lógicamente que antes se necesita una cierta vibración, pero eso es rol de otros signos; lo que debemos ayudar a hacer con Libra es tener en cuenta que no es posible la afluencia de energía superior a una conciencia (y a una forma que sigue a esa conciencia) si ésta no es lo suficientemente amplia, a fin de no verse superada a largo plazo. Se requiere una cuota de ritmo uniforme, de estabilidad y de pensar en términos de esa energía que se quiere captar, a fin de que su llegada no sea peligrosa.

En el caso de un Ashrama eso implica, y todos aspiramos a ello, el desarrollar capacidad de pensar en términos grupales y en beneficio del todo, esto primero teóricamente aceptado, luego crecientemente reconocido y finalmente sintéticamente comprendido. Este pasaje de la tensión individual de la conciencia a una grupal, consecuencia de fijar la atención en temas grupales y planetarios y no individuales, pone en vigencia otra Ley, que con el tiempo adapta nuestros vehículos a las vibraciones superiores.

Es por todo ello (y mucho más que se escapa) un signo propicio para reflexionar acerca de la existencia, el significado y la complementariedad de la atención, y por ese intermedio construir puntos de tensión más sutiles, abarcativos y cargados de amor y voluntad espiritual, por cuya presencia sea posible colaborar con el cumplimiento de la Ley, la expresión de la Vida planetaria.

21.12.09

Capricornio


Capricornio es el signo de la transfiguración, que constituye la meta máxima para la humanidad en la Era actual; por su intermedio nos llega ese tipo de energía que culmina nuestros esfuerzos en pos de la concreción de nuestros propósitos, sean de la índole que sean; es ese momento de “iluminación” en que se comprende el para qué de una forma cualquiera, y esto implica inmediatamente el cierre de un ciclo y por ende la abstracción de la vida de la forma.

Capricornio es uno de los signos de la muerte, exotéricamente entendida, ya que representa un proceso de abstracción de la vida hacia su fuente original y ello provoca el ocaso de la forma. En ese sentido es interesante anotar que en la simbología actual basada en el Zodíaco del hemisferio norte (que nos condiciona por su aceptación) este signo rige el invierno, que es precisamente cuando la vida aparentemente se halla más alejada de nosotros.

Es asimismo un signo de muerte porque por intermedio de sus energías se llega al fin de todas las cosas, se les da concreción en su punto más acabado y por ende se cumple con su propósito, sobreviniendo la muerte; es por ello que no nos sorprende que el signo sea agente del Séptimo Rayo (en niveles superiores Tercero y por último Primero). Recordemos su lema exotérico: “que rija la ambición y la puerta siga abierta de par en par”; es la nota del esfuerzo en pos de objetivos egoístas que conducen a un final común y masivo.

Ello nos da base para mencionar los regentes: exotérico y esotérico es Saturno, el planeta de los anillos o “círculo no se pasa” de la conciencia, que colabora con la Vida fijando a lo inferior los límites en la Ley de la Evolución impartida por lo Superior. Este planeta es el que exige disciplina, esfuerzo y actividad en la materia; es el planeta por el que conocemos nuestros límites y bajo el cual cumplimos la Ley del Karma. Cuando trabaja a nivel externo fortalece o endurece la personalidad, pero oportunamente la agota, o si se quiere la asfixia dentro de sus propios límites demasiado estrechos para la conciencia liberada.

Aquí comienza su labor como regente esotérico, ya que durante eones la personalidad permanece ciega ante el fenómeno de la muerte, de sí misma y también de sus metas egoístas, que se suceden unas a otras sin ofrecer frutos esencialmente sustanciosos. A esto puede llegarse de dos maneras distintas.

En primer lugar, gracias a la interrelación con otros signos (especialmente con Leo, muy vinculado a Capricornio) se manifiesta una mayor conciencia espiritual, con lo que los antiguos límites se revelan como demasiado estrechos y se invoca al Ser Superior para que provea de un nuevo sentido a la vida. Se pasa allí a la influencia de Sagitario, que es el signo que sigue en el progreso lento de la evolución.

Empero, si la persona se ajusta a las demandas de su ser interior y Saturno opera en su nivel esotérico no rige la Gran Ilusión y el progreso es hacia el servicio de Acuario, por lo que la conciencia aprovecha las energías del signo para conseguir una poderosa abstracción, que está simbolizada por el Tercer Rayo como segunda energía y por Saturno, también del Tercer Rayo de Inteligencia Activa. Esa energía recogida dinámicamente gracias a la comprensión iluminada es entonces vertida con inteligencia y con un delicado conocimiento del tiempo (o karma) a fin de ayudar a nuestros semejantes.

El último regente, el más poderoso, es Venus, que al estar en la cúspide del signo se halla íntimamente vinculado a la naturaleza de Capricornio, la Luz. Venus es asimismo el símbolo de los Ángeles Solares, que sacrificaron su elevada evolución espiritual a fin de encarnar en la Tierra y responder al llamado egoico de la humanidad. Esto se relaciona con el lema esotérico del signo: “estoy perdido en la luz suprema, sin embargo, a ella le doy la espalda”. Es la expresión de un particular estado de conciencia, la cumbre de la comprensión, cuando tras dejar atrás los límites de Saturno lo único que permanece es la luz de la identificación y es precisamente esa luz la que impele al ser a tornar su vista espiritual “hacia el reino del dolor” (regido por Saturno), de manera de actuar como colaborador consciente de la Voluntad de Dios, ya que como marcábamos el Primer Rayo rige al signo en su aspecto más elevado.

Se trata de un elevado estado de realización espiritual, en el cual se vislumbra la respuesta al misterio del bien y el mal y el llamado “pecado original”. Si asociamos el estado de identificación con el espacio y el pensamiento con el tiempo, es posible comprender por qué se suele afirmar que un iniciado se encuentra más allá del bien y del mal; una interpretación nos lleva a suponer que desde las alturas de su vivencia ha alcanzado a abarcar o aprehender ambos fenómenos como una unidad, ya que no existe separatividad en la conciencia de un iniciado. Y por su parte, al haberse podido elevar por encima de la vibración de su cuerpo mental llega a experimentar la liberación del karma, que se halla sutilmente ligado a la mente separativa. Simbólicamente hablando, podemos decir que Saturno (agente de la Ley del Karma) ya no lo rige, y en cambio inicia su ciclo de influencia la fraternidad dimanante de Venus.

No podemos cerrar estas reflexiones sin una mención especial a la experiencia de la cumbre, tan típica de Capricornio. Se trata de un período particularmente auspicioso para meditar acerca de la relación existente entre la luz, la iniciación y la muerte, para reflexionar a la luz de la conciencia cuál es la montaña que estamos escalando en la vida y con cuánto sincero esfuerzo lo estamos haciendo. En ese sentido es que cabría considerar todo momento de elevación, como el fin de un ciclo y el recogimiento en la luz superior, para retornar con la llama divina cargada de planes, comprensión y voluntad, tras esa brevísima muerte.

Es asimismo la reencarnación con una perspectiva más amplia, desde la cual todos los problemas de la vida mundana parecen más sencillos. Sencillez es una característica de la creciente influencia de Capricornio y por ende de la iniciación, ya que la alta vibración nos eleva y nos impide perdernos en la maraña de disputas cotidianas. Una lectura de ello la tenemos en el ascenso de Moisés al Monte Sinaí, quien recibió los Mandamientos y cuando se dispuso a aplicarlos a su pueblo halló a éste absorbido por la materia y adorándola como el becerro de oro.

Puede ser entonces un momento oportuno para realizar un balance, tal como exotéricamente suele hacerse, y realizar un esfuerzo que eleve nuestra vibración y nos haga llegar a la cúspide de nuestra conciencia, a fin de refrescar nuestros orígenes y nuestra misión en la vida, y poder así “encarnar” nuevamente con renovada inspiración en ofrenda a la humanidad y al mundo, sencillamente lo que en cada Navidad (esotéricamente en Getsemaní) nos recuerda el Cristo con su ejemplo.

14.12.09

La importancia del Ascendente en la vida espiritual



En esta oportunidad nos parece importante recordar el valor que tiene el Ascendente en nuestro desarrollo espiritual, y para ello haremos una breve introducción sobre el rol de la astrología respecto a los siete rayos. A continuación nos referiremos al Ascendente, y cerraremos con referencias a sitios web que les permitan primero determinarlo con precisión y luego acceder a información sobre sus cualidades.

Sabemos por la teoría esotérica que cada individuo es una expresión de un Ser Superior, el cual cíclicamente encarna a fin de colaborar con el Propósito divino. Este proceso implica el ofrendar al planeta ciertas cualidades especiales que están kármicamente relacionadas con las posibilidades espirituales del Señor del Mundo, tanto en elevación como en oportunidad o tiempo.

Tales cualidades son energía espiritual afluyendo de planos superiores, y en el nivel del alma (que es el que más nos compete) se los denomina los siete rayos.

La astrología es llamada “la ciencia de las relaciones”, y si recordamos el vínculo entre relación y karma veremos que el tiempo, entendido como limitación al espacio (la perfección), implica el despliegue de condicionamientos y líneas de expresión. Eso significa que la energía afluirá al planeta de acuerdo a ciertos diseños extraplanetarios específicos, los cuales deberán respetar el karma planetario.

Esos “diseños” son reflejados por la astrología, que estudia esas relaciones y extrae un significado que permita conocer el propósito de tales energías, sea a nivel subhumano, humano o divino.

En ese sentido, vemos que los siete rayos afluyen al planeta a través de los doce signos; al parecer cada rayo puede expresarse mediante cualquiera de los signos, y esto dependerá del karma particular que tenga que liberar la entidad encarnante.



En ese marco es que debe comprenderse el significado de un horóscopo o carta natal, como el mapa kármico de una persona, lo cual trae aparejada la existencia de un Propósito espiritual, que a su vez es parte de un Propósito extraplanetario al cual en una mínima escala contribuimos al encarnar su energía zodiacal.

Como es popularmente conocido, la carta natal ubica a los doce signos en doce Casas; dentro de éstas encontramos a los planetas. Esta posición deberá considerarse mirando los vínculos con los demás planetas de la carta, y de tal manera se van enlazando las interpretaciones.

Desde la astrología esotérica se considera insuficiente la carta natal convencional, que para empezar es de dos dimensiones siendo que el alma se expresa en por lo menos más de tres; además cambian los significados de los signos, planetas y Casas. Lamentablemente, el Tibetano sólo sugirió algunas líneas para un futuro desarrollo de estos aspectos, con lo que resta aún mucho por hacer al respecto. Y eso sin contar que ese condicionamiento en la forma (por ejemplo, tener al Sol en Cáncer) en un momento se diluye, aunque en general nos falta evolución para llegar a ese estadio de conciencia.

Brevemente, desde la perspectiva esotérica las Casas serían como el ámbito mundano (o subjetivo) de expresión, en tanto que los planetas serían como los medios o instrumentos de los signos. De todos los elementos involucrados, tres (y sus signos, Casas, etc.) son claves en la Astrología esotérica: la Luna, que representa el pasado, el Sol, que simboliza el presente o la personalidad, y el Ascendente, que indica el futuro o Sendero del alma.



El Ascendente (signo que ocupa la Casa I) es esa parte de la Tierra (de ella las 12 Casas) que apuntaba exactamente al Sol en el momento de nacer, en una analogía con la encarnación del Ángel Solar del rayo que se trate. Esa energía es vertida por el signo, y tendrá tres niveles de expresión, en armonía con la jerarquía espiritual del individuo:
• Si es una persona común el vehículo de expresión será el regente exotérico del signo;
• Si se trata de un discípulo (hasta la segunda iniciación inclusive) la energía se manifestará por medio del regente esotérico;
• Si es un iniciado (tercera iniciación en adelante) el rayo cualificado por el signo se verterá a través del regente jerárquico del signo en cuestión.

Dado que el Ascendente representa al alma, es natural suponer que en el caso de una persona espiritual la interpretación de toda la carta se haga en torno al Ascendente, tratado de coordinar los significados en sujeción a la cualidad expresada por ese signo (y rayo, si se lo sabe, porque no surge de la carta).

Es por ello que el conocimiento y el énfasis puesto en el signo solar no deja de ser importante, porque teóricamente tiene que ver con la integración de la personalidad, así como resulta interesante saber cuáles son las tendencias regresivas (las de la Luna, por signo, Casa, etc.).

Pero por sobre todo nos debe interesar el signo Ascendente, porque es esa clase de energía la que estará implicada en esos momentos de nuestras vidas en los que demos decididamente un paso adelante en la evolución espiritual, y es la energía que paulatinamente debe prevalecer y sintetizar a la de la Luna y el Sol. Aislar esas cualidades no necesariamente revelará algo nuevo, pero nos puede ayudar a determinar un rumbo interior o a corroborar una impresión interna.

Es así como decir “soy de Leo”, por tener el Sol en ese signo, simbólica y energéticamente equivaldría a decir “soy la personalidad”.

La intención entonces con estas reflexiones es que así como todos conocemos nuestro signo solar lo hagamos con el Ascendente (y en menor medida la Luna), porque tiene relación directa con nuestro progreso espiritual.

Por detrás del Ascendente existen misterios mayores, ya que a través del elemento del signo, o su condición (cardinal, fijo o mutable), así como por los regentes se establecen triángulos (kármicos) internos y con las cartas natales de otras personas, lo que no es sino la expresión en el tiempo del Propósito jerárquico. Esto es un campo no muy explorado, pero es también ejemplo de la importancia de este indicador.

Finalmente las remisiones: para calcular el Ascendente se puede buscar la voz “conocer Ascendente” en cualquier buscador. Por su parte, los significados son legión en lo mundano y no tan fáciles de hallar en lo esotérico, si bien nada obsta a intentar una lectura más profunda de lo que esté a mano.

En todo caso, por ejemplo han escrito sobre el tema Candy Hillenbrand, Phillip Lindsay, Alan Oken, Michael Robbins, Adele Barger Wilson (estos en inglés, pero se pueden traducir), Bruno Huber o el sitio Astro-Campus.

En conclusión, saber cuál es nuestro signo Ascendente es una faceta más en el proceso de autoconocimiento, y puede ayudarnos a mejorar el alineamiento así como a prestar un servicio más efectivo. Aprovechemos lo que es una manera más para acercarnos a la espiritualidad.

9.12.09

Sagitario



Sagitario cumple una función que nos resulta muy familiar a quienes vivimos la vida del discípulo; la misma está oculta en la palabra clave del signo que es reorientación. A través de Sagitario es que encontramos el rumbo, la meta hacia la cual apuntan nuestros esfuerzos, primero mundanos y luego espirituales; esto es muy importante porque esa certeza de estar en el camino correcto nos permite viajar y oportunamente llegar allí sin pérdida de tiempo ni de oportunidades de servicio.

A fin de conocer mejor la función del signo, nos parece ilustrativo mirar brevemente a los otros reinos de la naturaleza. Como ya hemos señalado anteriormente, los signos zodiacales influencian no sólo a la humanidad sino a toda la evolución planetaria.

En ese sentido podría decirse que Sagitario es la causa subjetiva de una serie de fenómenos usuales en el reino vegetal y el animal: en el primer caso, cabría afirmar que es la energía sagitariana la que impulsa al girasol a torcer su orientación y buscar la presencia del Sol, a fin de obtener su sustento astral y pránico. En el segundo caso, Sagitario bien puede ser el fundamento esotérico del olfato, que como sabemos es el sentido por excelencia en el tercer reino.

Por supuesto que en el cuarto reino la función es distinta en potencia y en forma, pero la nota clave de la orientación permanece.

Sabemos por la literatura esotérica que la característica distintiva de la humanidad es la existencia de la mente, y fruto de ella es la generación de la dualidad, la cual primero debe presentirse, luego acentuarse para finalmente sintetizarse gracias a una paulatina identificación con la Supermente. En este proceso juegan un rol Sagitario y también Géminis, el signo opuesto y complementario de aquél. En esa línea, Géminis es el momento de la separación y Sagitario el de la búsqueda del camino para la unión; comienza a operar cuando se siente la necesidad de ir “a otra parte” para lograr la realización, es decir tras pasar por las duras pruebas de Escorpio se reafirma el compromiso de esforzarse a fin de alcanzar una verdad interior.

En la astrología exotérica, Sagitario rige la religión y los viajes al extranjero. Esto puede interpretarse como la expresión material de la misma verdad; la energía del signo parte de una dualidad, dirigiéndose hacia fuera y (espiritualmente) “hacia arriba”, es la consecuencia de la dualidad de Géminis. Esta función se relaciona con los rayos que distribuye el signo, el Cuarto, Quinto y Sexto, todos rayos de aspecto que trabajan más con la expresión en los tres mundos que con la identificación divina, con lo que las metas espirituales son exteriores a la conciencia presente.

Tal función no es de por sí negativa, más bien la llamaríamos indispensable para la salida y el encaminamiento hacia una meta superior. Cuando la persona recién emite destellos de espiritualidad, el regente que emplea para desarrollar el Propósito del signo es Júpiter, que con su 2º rayo garantiza la atracción de todo lo necesario para satisfacer los deseos, que son la gran meta en esta etapa.

Cuando la persona comienza a transitar por el Sendero espiritual los signos de la Cruz Mutable previos conducen a Sagitario y le permiten actuar en todo su poder: así, el desarrollo de la potencia de Venus (la mente, regente esotérico de Géminis) y la conciencia de que la forma vela al alma (la Luna en Virgo) hacen emerger en la persona la necesidad de seguir una vida espiritual y llegar a ser lo que presiente que puede ser.

Ese momento de búsqueda está regido esotéricamente por Sagitario, y el regente en ese nivel es la Tierra, planeta de 3º rayo. Esto es apropiado, ya que generalmente comienza aquí ese período de búsqueda ansiosa, de experimentar distintas enseñanzas, pareciendo todas atractivas y de valor, queriendo sentir y conocer todo lo divino al mismo tiempo, así como “hacer algo” en la Tierra por quienes aún caminan en la oscuridad de los tres mundos.

Esta regencia puede durar muchos ciclos de vida, como lo vemos a diario, y eso indica que por más que no figure en la carta natal Sagitario estará activo esotéricamente en una etapa definida como la de la búsqueda espiritual.

Pero aún existe otra función en lo que a la humanidad concierne, que se enlaza con el 6º Rayo distribuido a nivel jerárquico por Marte. Como sugeríamos antes, el 6º Rayo se encuentra activo en todos los niveles y es uno de los impulsores a la búsqueda de algo más allá de la conciencia, sea externo o interno en la forma.

Cuando el 6º se expresa a través de Marte, la energía de Sagitario rige esa etapa subjetiva en que la persona consagra absolutamente toda su conciencia, que es todo lo que realmente tiene, al servicio planetario. Ya no se trata de la búsqueda de un Sendero, sino de la unión de todas las partes del Ser al silencio, a la realidad supraconsciente que fundamenta toda búsqueda; se trataría así de fundir la vibración de los vehículos con la de ese estado de conciencia, de “apuntar” hacia esa meta.

Este viaje es muy breve y termina en el plano búdico, que es el plano de la intuición; las flechas son mentales y el arco debe ser dejado en la puerta del reino de la razón pura; la llegada a esta puerta indica que se está (al menos en ese fugaz momento) bajo las energías de Capricornio, que como sabemos rige la “puerta de salida” de la evolución, la máxima culminación humana, así como su opuesto y complementario Cáncer rige la puerta de entrada.

Otra faceta de esto tiene que ver con la manera en que nos aproximamos al alma: es sabido que siempre utilizamos uno de nuestros vehículos para la recepción de la guía interna, y en las etapas iniciales de “oír y tomar conciencia” la información primero es recibida y luego conceptualizada, es decir que vamos detrás de la voz interior. Ahora bien, Sagitario nos da la oportunidad de corregir la meta, con lo cual tal vez haya una línea de menor resistencia para estudiar acerca esos procesos de desarrollo espiritual que van desde el oír la voz del alma a “mirar hacia arriba y no hacia abajo”, y así directamente fundir nuestra conciencia con su fuente dimanante. Es otra manera de entender la metáfora de apuntar la flecha y correr tras ella, en este caso a una velocidad divina.

Es así como Sagitario puede regir con especial énfasis en caso de estar presente en la carta exotérica como Ascendente, Sol o Luna principalmente, pero además preside una etapa muy particular del desarrollo de la conciencia como la de orientación o reorientación, que todos vivimos a diario en distintos niveles y duración, y que tiene incluso analogía con el traspaso de las energías de los centros inferiores a los superiores.

Se trata en suma de un buen período para examinar cuál es la meta que tenemos en nuestra vida, hacia dónde estamos yendo en nuestra vida espiritual y cuán coherentes somos con ese compromiso interno.

Es asimismo un período propicio para ajustar la meditación, que se nutre de un propósito bien definido y que en caso contrario hace a la mente dispersa y poco irradiativa, ya que las energías de este signo nos pueden ayudar a mejorar con menos esfuerzo todo lo atinente al enfoque, emocional y mental.

Incluso podrían aprovecharse estas energías acentuadas a los fines de

Por último repasemos las notas claves del signo: exotéricamente es “Busca el alimento”, y hace referencia a la necesidad expresada por el signo de conseguir un complemento que solucione la dualidad conocida en Géminis, si bien en esta etapa suele expresarse en niveles materiales. Sí es más clara la nota esotérica: “Veo una meta. Alcanzo esa meta, y luego veo otra”, dado que refleja la búsqueda interior y la vivencia de la iluminación que produce la llegada, que en última instancia no es otra cosa que la meta para la cual todos nos estamos preparando, la iniciación.