Los tres niveles del horóscopo

15.1.10

Nuestra relación con los astros


La astrología y las energías:
                                          Las siguientes reflexiones valen tanto para el astrólogo como para la persona espiritual que de alguna manera guarda en su conciencia un espacio para la relación con las energías provenientes de los planetas, los signos y las estrellas. Las dos formas clásicas de contacto son la profundización del conocimiento sobre el signo solar, que paulatinamente debe ceder lugar al Ascendente, y las meditaciones de plenilunio o incluso de luna nueva, según el Tibetano base de la futura religión mundial.

Lo que nos interesa destacar son extensiones de dos famosos axiomas ocultos: “la energía sigue al pensamiento”, y “así como un hombre piensa en su corazón, así es él”. En ambos casos tenemos la síntesis de la actitud que debería presidir nuestra interacción con los astros.

Sabemos por la teoría esotérica que todo en el universo es energía, y esa energía es clasificada en siete, los siete rayos de energía espiritual. Esos rayos son manifestados mediante estrellas, signos y planetas, entre ellos los de nuestro sistema solar, y su energía hace de nosotros lo que somos y seremos; en ese proceso de desenvolvimiento llevamos a cabo un “plan” de vida de forma más o menos consciente, y a medida que avanza la evolución se descubre que es posible ser un reflejo individual consciente de las cualidades y la potencia del Macrocosmos, lo cual acelera nuestro progreso al tiempo que complementa la intención del Maestro al cual asistimos como grupo ashrámico, siendo la actividad de este Maestro una extensión formulada en el tiempo de la Voluntad Divina.

El progreso por los estados de conciencia que caracterizan a cada peldaño de la escala espiritual implica la puesta a nuestra disposición de una cantidad y cualidad determinadas de energía mediante las cuales desarrollamos aquello que creemos más conveniente, pero en todos los casos (del discipulado) el proceso implica el “detenerse” en la apreciación de una necesidad, la invocación de energía o fuerza y la evocación de una solución, con la consiguiente inundación del punto con la energía o fuerza invocadas. Esto repercutirá en la futura evolución de las formas y conciencias colocadas bajo nuestra responsabilidad kármica.

Todo ese desarrollo puede explicarse con un lenguaje astrológico, que no sería sino otra manera de expresar las verdades espirituales y que viene a complementar el panorama conocido acerca de esas dinámicas de desenvolvimiento, con el agregado de que al conocerlas se puede “bajar a tierra” lo que ya existe subjetivamente, acrecentando la potencia de las energías en la conciencia diurna de los hombres. Claro que eso requiere una cuidadosa y pura construcción, y de ahí la dificultad de la astrología esotérica, que hasta ese momento “permanecerá protegida en las alturas de su pureza búdica”, para decirlo simbólicamente.

Los astros, la energía y el Plan:
                                               Siguiendo con lo anterior, podemos decir que a fin de desarrollar el Plan, los Maestros captan el Propósito y lo desenvuelven en el espacio, haciéndose evidente que para su concreción serán necesarios ciertos tipos de energía y no otros, así como determinadas proporciones de energía. Eso pone en acción un proceso invocador, el cual se manifestará en la Tierra de acuerdo a la amplitud del punto de tensión producido por la humanidad, y esa invocación resultará en la presencia de las energías vertidas por los distintas estrellas, signos y planetas. Su irradiación total seguramente es muy superior a la que conocemos, pues no somos capaces de captar más que lo que nuestro cántaro permite, pero en todo caso sólo somos responsables por lo que conocemos.

A nivel individual sucede lo mismo; aquí conviene acotar que la construcción del punto de tensión que nos concierne como aspirantes o discípulos se realiza con materia mental, es decir con el poder del pensamiento. Aquí entran en juego los dos axiomas ya citados, ya que la captación y la posibilidad de desempeñar una parte comprometida en el Plan del Maestro tienen que ver directamente con la amplitud de nuestra conciencia.

Quienes están relacionados con la astrología en la manera ya indicada no captan en sí más energía que quienes no lo están, pero sin dudas tienen más responsabilidad y sobre todo mayor oportunidad; el conocimiento siempre acarrea responsabilidad, y en caso de usarse erróneamente sepulta al discípulo bajo una montaña de formas mentales incomprendidas, demasiado “pesadas” para él. Es la oportunidad de buscar activamente un significado a las relaciones trazadas en la conciencia y así aclarar en el plano mental una parte del Plan para la humanidad y también los reinos animal, vegetal y mineral, de los cuales somos responsables.


La oportunidad de colaborar y progresar junto a los astros:
                                                                                            ¿De qué manera aprovechar fructíferamente nuestro conocimiento sobre los astros? En principio no interpretando desde la forma sino desde la conciencia; el lenguaje astrológico es el lenguaje de la Vida y de la conciencia expresados a través de la forma. Siempre es posible obtener un significado profundo de los temas que se nos presenten, y en esa comprensión estamos tendiendo un pequeño hilo de luz entre el signo, etc., reflexionado y nuestra propia conciencia. Eso implica una pequeña revelación de luz en el mundo y un canal para la afluencia de más energía en el futuro. En ese sentido la astrología es un campo de oportunidades para la reflexión, algo que tampoco es tan fácil de encontrar hoy en día. Refleja la oportunidad de proveer material para expandir el Plan y así nuestra conciencia

Otro aspecto remarcable es nuestra actitud de acercamiento, que naturalmente estará matizada por nuestra evolución particular. Cuando leemos acerca del signo del plenilunio, ¿Lo hacemos con el deseo de ver “qué podemos sacar” para nosotros? En tal caso la intención es en última instancia cerrada, y eso curiosamente evocará fuerzas de mediana potencia, que a la larga retrasarán nuestra evolución, justamente lo que distorsionadamente buscábamos al comienzo.

Una actitud a cultivar es por ende la de mental colaboración, la de “estabilizar luminosamente” nuestra comprensión y así compartirla gracias a la no separatividad. Eso misteriosamente entrelazará nuestra conciencia con los planos superiores de una manera insospechada y más estrecha, posibilitando una mayor revelación en el futuro. La clave en este caso es la sinceridad, el altruismo y la pureza de intención, que siempre son llaves para el avance en el Sendero.

El contacto alcanzado a través del significado astrológico constituye una definida forma de servicio, porque sienta bases espirituales para la exteriorización de los planos internos en los tres mundos. Con el tiempo, el correcto pensar orientado comprensivamente hacia lo superior incrementa la vibración de los vehículos del discípulo, lo cual le permite ser más consciente de la intención enfocada por medio de su Ashrama y por ende colaborar con más amplitud y fuego en el desarrollo del Plan, que abarca su carta natal y la de sus condiscípulos, así como relaciones astrológicas mucho mayores (entre Ashramas, reinos, Vidas planetarias) que aún desconocemos.

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