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Los tres niveles del horóscopo

28.1.10

Acuario, la conciencia grupal y la reaparición del Instructor del Mundo


El período regido por el signo de Acuario tiene una connotancia grupal, porque gracias al funcionamiento combinado de sus rayos y regentes abrimos nuestro corazón a quienes nos rodean y ampliamos la esfera de la conciencia individual, transformándola en percepción humanitaria.

Se afirma que el signo distribuye energía de Quinto Rayo, y la misma es fusionada con las fuerzas de la Luna, Júpiter y Urano, regentes jerárquico, esotérico y exotérico respectivamente. Todos estos planetas confluyen en un mismo fin, que es el complementar la conciencia individual desarrollada en su signo opuesto, Leo, y descubrir espacios de interrelación con los demás en la medida en que el amor se desenvuelva y el Propósito surja dentro de nosotros.

Dado nuestro nivel de evolución como humanidad, puede decirse que esos nuevos espacios son abiertos a través de la acción del regente esotérico, Júpiter, planeta de 2º rayo. En otras palabras, la conciencia grupal es la expresión del corazón, la exteriorización en los tres mundos de algo de lo que antes sólo éramos conscientes internamente. Es un estado primero de afecto, luego de atención y más adelante de sintética comprensión. Todos de a poco van quedando bajo el umbral de la conciencia, a un punto tal que en cierto estadio es difícil recordar lo “cerrado” del egoísmo. Esto rige sobre todo para pequeñas cosas, y se va ampliando a todos los ámbitos del vivir diario a medida que prosigue el servicio y afluye energía liberadora desde los planos superiores.

Eso nos lleva al tema de la fuente de la conciencia grupal: la frase que explica la dinámica del signo a nivel material es “que rija el deseo en la forma”. Empero, a nivel espiritual el alma dice “soy el agua de la vida y fluyo para los hombres sedientos”. El Quinto Rayo, mental por naturaleza, nos sugiere en Acuario que el verdadero amor es el del alma y que ésta se encuentra anclada en el plano mental, el quinto.
Sugiere además que el punto de encuentro por excelencia de la conciencia grupal está en el plano mental, en donde deben fundirse mente y corazón y ambos tornar las puertas del plano búdico. Como diría Vicente Beltrán Anglada, “amar con la mente y pensar con el corazón”. Eso nos da una pauta acerca de la fusión entre la forma y la conciencia y la creciente expresión del alma junto al ser humano conscientemente activo, que extrae su inspiración y libera todo su poder de la comprensión de que el corazón suyo y el de sus hermanos son uno.

Ese proceso de exteriorización en la conciencia diurna también se da masivamente e implica una gran oportunidad, ya que el físico es el último plano y a partir de allí es posible la síntesis con lo superior en un todo más radiante. De allí que en la literatura esotérica se hable también de que en esta Era de Acuario será posible la invocación del Avatar de Síntesis, que viene a proveer la necesidad de la humanidad y encerrar en un círculo más comprensivo la evolución en todos los reinos del planeta. Esta energía de síntesis sólo puede ser invocada con el corazón, porque es el sello que pone fin a la comprensión del Plan, y todo contacto con la Jerarquía está regido naturalmente por el amor, el principio relacionador entre la materia y el espíritu.

En esa línea, el vínculo en Acuario entre Urano (7º rayo) y Júpiter (2º) nos habla asimismo del proceso de Exteriorización de la Jerarquía. Si tenemos en cuenta que Acuario siempre tenderá a incluir a la conciencia individual en un grupo, vemos cómo en un nivel básico esa energía es expresada como correctas relaciones humanas (7º rayo, el de las relaciones), y dado que dicho signo regirá macrocósmicamente durante los próximos 2000 años, se adivina una especial oportunidad de desarrollo para el planeta, a través del tendido de hilos de luz que a medida que vayan llegando a zonas lejanas de la vivencia humana invocarán aún más inclusividad y síntesis. Esto representa una gran oportunidad de acelerar el desarrollo evolutivo y de participar más conscientemente en él. La Luna, velando a Urano, nos habla del Propósito oculto subyacente en el amor encarnado por la Jerarquía.

Si aplicamos la analogía, vemos que así como cada ser humano individual está kármicamente ligado a un alma que lo inspira, así la humanidad en su conjunto es guiada por un amoroso Instructor, que cíclicamente nos acerca nueva enseñanza sobre el proceso evolutivo que tenemos por delante y nos acompaña en su desenvolvimiento. Esto es especialmente aplicable en la Era de Acuario, porque en este ciclo la energía del alma llega al plano físico.

Según el Tibetano la entrada en la Era de Acuario se verá acompañada por el retorno al plano físico de ese Instructor: Cristo, el Imán Mahdi, el Mesías, Maitreya, Krishna o como lo llamen las distintas religiones. Es ineludible destacar que recientemente la organización Share International ha hecho un anuncio sobre Su retorno. Esto merece mucha reflexión y respeto, y por lo menos nos habla de indicios claros (astrales, mentales o intuitivos) acerca de la continuidad del proceso de exteriorización de la Jerarquía, o sea el nacimiento del Cristo interno en el corazón. Que ese día llegue para la humanidad lo antes posible es anhelo y compromiso de todas las personas espirituales; Acuario nos facilitará el dar un paso más en esa dirección.

15.1.10

Nuestra relación con los astros


La astrología y las energías:
                                          Las siguientes reflexiones valen tanto para el astrólogo como para la persona espiritual que de alguna manera guarda en su conciencia un espacio para la relación con las energías provenientes de los planetas, los signos y las estrellas. Las dos formas clásicas de contacto son la profundización del conocimiento sobre el signo solar, que paulatinamente debe ceder lugar al Ascendente, y las meditaciones de plenilunio o incluso de luna nueva, según el Tibetano base de la futura religión mundial.

Lo que nos interesa destacar son extensiones de dos famosos axiomas ocultos: “la energía sigue al pensamiento”, y “así como un hombre piensa en su corazón, así es él”. En ambos casos tenemos la síntesis de la actitud que debería presidir nuestra interacción con los astros.

Sabemos por la teoría esotérica que todo en el universo es energía, y esa energía es clasificada en siete, los siete rayos de energía espiritual. Esos rayos son manifestados mediante estrellas, signos y planetas, entre ellos los de nuestro sistema solar, y su energía hace de nosotros lo que somos y seremos; en ese proceso de desenvolvimiento llevamos a cabo un “plan” de vida de forma más o menos consciente, y a medida que avanza la evolución se descubre que es posible ser un reflejo individual consciente de las cualidades y la potencia del Macrocosmos, lo cual acelera nuestro progreso al tiempo que complementa la intención del Maestro al cual asistimos como grupo ashrámico, siendo la actividad de este Maestro una extensión formulada en el tiempo de la Voluntad Divina.

El progreso por los estados de conciencia que caracterizan a cada peldaño de la escala espiritual implica la puesta a nuestra disposición de una cantidad y cualidad determinadas de energía mediante las cuales desarrollamos aquello que creemos más conveniente, pero en todos los casos (del discipulado) el proceso implica el “detenerse” en la apreciación de una necesidad, la invocación de energía o fuerza y la evocación de una solución, con la consiguiente inundación del punto con la energía o fuerza invocadas. Esto repercutirá en la futura evolución de las formas y conciencias colocadas bajo nuestra responsabilidad kármica.

Todo ese desarrollo puede explicarse con un lenguaje astrológico, que no sería sino otra manera de expresar las verdades espirituales y que viene a complementar el panorama conocido acerca de esas dinámicas de desenvolvimiento, con el agregado de que al conocerlas se puede “bajar a tierra” lo que ya existe subjetivamente, acrecentando la potencia de las energías en la conciencia diurna de los hombres. Claro que eso requiere una cuidadosa y pura construcción, y de ahí la dificultad de la astrología esotérica, que hasta ese momento “permanecerá protegida en las alturas de su pureza búdica”, para decirlo simbólicamente.

Los astros, la energía y el Plan:
                                               Siguiendo con lo anterior, podemos decir que a fin de desarrollar el Plan, los Maestros captan el Propósito y lo desenvuelven en el espacio, haciéndose evidente que para su concreción serán necesarios ciertos tipos de energía y no otros, así como determinadas proporciones de energía. Eso pone en acción un proceso invocador, el cual se manifestará en la Tierra de acuerdo a la amplitud del punto de tensión producido por la humanidad, y esa invocación resultará en la presencia de las energías vertidas por los distintas estrellas, signos y planetas. Su irradiación total seguramente es muy superior a la que conocemos, pues no somos capaces de captar más que lo que nuestro cántaro permite, pero en todo caso sólo somos responsables por lo que conocemos.

A nivel individual sucede lo mismo; aquí conviene acotar que la construcción del punto de tensión que nos concierne como aspirantes o discípulos se realiza con materia mental, es decir con el poder del pensamiento. Aquí entran en juego los dos axiomas ya citados, ya que la captación y la posibilidad de desempeñar una parte comprometida en el Plan del Maestro tienen que ver directamente con la amplitud de nuestra conciencia.

Quienes están relacionados con la astrología en la manera ya indicada no captan en sí más energía que quienes no lo están, pero sin dudas tienen más responsabilidad y sobre todo mayor oportunidad; el conocimiento siempre acarrea responsabilidad, y en caso de usarse erróneamente sepulta al discípulo bajo una montaña de formas mentales incomprendidas, demasiado “pesadas” para él. Es la oportunidad de buscar activamente un significado a las relaciones trazadas en la conciencia y así aclarar en el plano mental una parte del Plan para la humanidad y también los reinos animal, vegetal y mineral, de los cuales somos responsables.


La oportunidad de colaborar y progresar junto a los astros:
                                                                                            ¿De qué manera aprovechar fructíferamente nuestro conocimiento sobre los astros? En principio no interpretando desde la forma sino desde la conciencia; el lenguaje astrológico es el lenguaje de la Vida y de la conciencia expresados a través de la forma. Siempre es posible obtener un significado profundo de los temas que se nos presenten, y en esa comprensión estamos tendiendo un pequeño hilo de luz entre el signo, etc., reflexionado y nuestra propia conciencia. Eso implica una pequeña revelación de luz en el mundo y un canal para la afluencia de más energía en el futuro. En ese sentido la astrología es un campo de oportunidades para la reflexión, algo que tampoco es tan fácil de encontrar hoy en día. Refleja la oportunidad de proveer material para expandir el Plan y así nuestra conciencia

Otro aspecto remarcable es nuestra actitud de acercamiento, que naturalmente estará matizada por nuestra evolución particular. Cuando leemos acerca del signo del plenilunio, ¿Lo hacemos con el deseo de ver “qué podemos sacar” para nosotros? En tal caso la intención es en última instancia cerrada, y eso curiosamente evocará fuerzas de mediana potencia, que a la larga retrasarán nuestra evolución, justamente lo que distorsionadamente buscábamos al comienzo.

Una actitud a cultivar es por ende la de mental colaboración, la de “estabilizar luminosamente” nuestra comprensión y así compartirla gracias a la no separatividad. Eso misteriosamente entrelazará nuestra conciencia con los planos superiores de una manera insospechada y más estrecha, posibilitando una mayor revelación en el futuro. La clave en este caso es la sinceridad, el altruismo y la pureza de intención, que siempre son llaves para el avance en el Sendero.

El contacto alcanzado a través del significado astrológico constituye una definida forma de servicio, porque sienta bases espirituales para la exteriorización de los planos internos en los tres mundos. Con el tiempo, el correcto pensar orientado comprensivamente hacia lo superior incrementa la vibración de los vehículos del discípulo, lo cual le permite ser más consciente de la intención enfocada por medio de su Ashrama y por ende colaborar con más amplitud y fuego en el desarrollo del Plan, que abarca su carta natal y la de sus condiscípulos, así como relaciones astrológicas mucho mayores (entre Ashramas, reinos, Vidas planetarias) que aún desconocemos.

7.1.10

La importancia de los plenilunios



Seremos muy puntuales en el desarrollo de esta idea. El aspecto central a destacar y mantener presente en la mente es que el plenilunio representa una definida oportunidad de colaborar con la afluencia de energías espirituales al planeta y por ello mismo de colaborar con el aspecto del Plan que kármicamente nos corresponda.

Como afirmábamos en el artículo sobre Libra, así como la humanidad crea en los planos inferiores recibe su inspiración y guía desde los planos superiores, y en la tensión creada entre ambos acelera su propia evolución espiritual.

Esa evolución se rige por ciclos, por procesos de invocación y evocación que en su sucesión y bajo la Ley de Economía evitan un sobreestímulo de energía tanto a la materia como al espíritu.

En ese marco un plenilunio es el punto máximo en lo que hace a la afluencia de energías espirituales. Astrológicamente se lo representa como la oposición entre la Luna y el Sol, dos polos de la conciencia, y esa oposición ilustra el punto de máxima tensión experimentado por la forma y la conciencia bajo la influencia de un signo determinado.

Dado que la tensión implica oportunidad, se hace claro que el punto más propicio para realizar un esfuerzo en pos de la evolución es durante el período del plenilunio, que según el Tibetano constaría de dos días de preparación, uno de contacto y dos de recepción.

Pasemos ahora a lo individual: ese período de tensión es precisamente eso, una vivencia de esfuerzo y desafío, sobre todo en la relación alma-personalidad (cuerpos mental, astral y físico). Y suele ocurrir que el progreso razonable experimentado durante el mes se vea jaqueado por el sobreestímulo, y entonces se llegue al plenilunio con una postura “light”, desentendida de la necesidad y la oportunidad de mantenerse firme en la luz.

Tengamos en cuenta que se trata de un ciclo de mayor conciencia, y que eso pondrá de manifiesto los problemas de la personalidad así como acrecentará tal vez la conciencia de la actividad de los señores lunares, es decir los vehículos inferiores. Se trata en sí de una afluencia de luz, pero de no ser capaces de permanecer espiritualmente alineados nuestro servicio a la humanidad a prestarse en ese plenilunio se verá frustrado, e individualmente se cerrará otra puerta para nuestra evolución espiritual.

En conclusión, cada plenilunio es para un discípulo con formación esotérica como una prueba de su compromiso con el Plan y con la vida superior que se ha comprometido a vivir; es importante orientarse correctamente y realizar un esfuerzo para elevar la vibración durante aquellos días. En el momento actual cada esfuerzo es necesario a fin de edificar un nuevo orden mundial cada vez más armónico con la visión obtenida a partir de la posguerra.

3.1.10

Bases para interpretar esotéricamente una carta natal: Ascendente y nivel de desarrollo espiritual


El marco y la orientación del astrólogo:
La astrología esotérica no niega los postulados de la astrología convencional, sino que más bien los amplía o si se quiere los nutre con mayor significado. A nivel psicológico, podría decirse que la astrología común opera con alta eficiencia en la interpretación de lo que ocurre con un sujeto en sus niveles físico, emocional y mental, es decir hasta alcanzar la integración de la personalidad.

Empero la experiencia nos demuestra que la evolución continúa, y que cada vez son más las personas a las que no les resultan suficientes o cargadas de contenido las respuestas que proporciona la astrología común, y es allí donde surge la astrología esotérica.

En ese sentido, lo esotérico tiene que ver con la conciencia, así como lo exotérico con la forma y lo divino con la Vida, si bien en este último caso hablamos de un nivel iniciático por lo general ajeno a una consulta astrológica.

La astrología esotérica entonces posee un método y una base teórica apropiados para proporcionar las respuestas a nivel del alma, y en esto debe complementar lo que pueda decir la astrología común, que suele ahondar en significados espirituales, pero muchas veces sin la amplitud y el toque de “presencia” de un enfoque esotérico.

Por último, si bien ya lo hemos manifestado, nunca está de más decir que la AE es una ciencia en construcción o mejor dicho en desenvolvimiento; ése es el desafío y el problema de los astrólogos, que para hacer una interpretación esotérica se enfrentarán a un conjunto de reglas generales y vagas, no específicas para un caso individual. Esto puede desalentar, ya que se requiere un esfuerzo de voluntad para extraer los significados y significaciones necesarios, pero en realidad no se trata sino de un campo para avanzar en el Sendero, demostrando voluntad de permanecer en la luz y entrega ante la necesidad espiritual de quien busca hacer contacto con energías superiores.

Éste podría ser el enfoque interno a adoptar por el astrólogo esotérico, el de estar dispuesto a ofrecer su conciencia y complementar con lo que está más allá de la conciencia una demanda espiritual, en cierto sentido el tener la sensibilidad para atraer la conciencia hacia el plano mental, o bien impulsar o reforzar el proceso de construcción del antakarana, que relaciona la forma con la superconciencia.

Veamos a continuación algunas reflexiones específicas que pueden ser de utilidad para ofrecer una interpretación esotérica. Aclaro que se trata de conclusiones personales y en todo momento deben ser leídas a la luz de la propia intuición del lector a fin de corregir cualquier distorsión.



Interpretación en práctica:
Se parte de dos factores mencionados por el Tibetano en Astrología Esotérica: el signo Ascendente, símbolo de las energías que conducirán a la plena realización, y el grado de desarrollo espiritual de consultante, que afectará a su capacidad de respuesta a las energías desplegadas y ocultas en la carta. Aquí se da una interrelación con el Ascendente que será dilucidada más adelante.

El Ascendente:

Sentado lo anterior, partamos del supuesto de que nos encontramos enfocados y ante una carta natal que debemos interpretar.

A diferencia de la astrología común, en la esotérica toda la interpretación se elabora en torno al signo Ascendente, que como marcábamos simboliza esa clase de energía que debe expresar el alma y a la cual debe armonizarse la personalidad durante la encarnación.

¿Qué se entiende por elaborar la interpretación en torno al signo Ascendente? una respuesta es considerar que todos los significados dimanantes de la carta deben coordinarse con el Ascendente; todos deben oportunamente supeditarse a las energías que emanan del mismo y constituir su campo de expresión, el cual estará matizado por su energía; en teoría la energía del alma expresándose a través de sus centros.

Abundando en la cuestión, podríamos decir que el núcleo de conciencia, o el centro de la carta es el Ascendente, que engloba a los demás elementos, y tiene una especial relación con el Sol (la personalidad) y la Luna (el pasado, las tendencias regresivas). El significado que encierra cada Ascendente debe ser cuidadosamente meditado y aplicado.

Los regentes de la carta:
Vale recordar que la energía del Ascendente se expresa a través de su planeta regente, el cual variará de acuerdo al estado espiritual del consultante. Recordemos que existen tres regentes, el exotérico, el esotérico y el jerárquico.

Eso nos lleva al punto de partida de la interpretación, que es determinar el estado de conciencia del consultante. Como sabemos, la posición de los astros es el reflejo de un conjunto de vibraciones que afectaron o condicionaron a la conciencia de la persona al nacer, haciendo de ella lo que es hoy y presentándole los desafíos espirituales que deberá resolver a fin de seguir adelante en el Sendero. Ahora bien, la jerarquía espiritual del ente encarnante decidirá si esos condicionamientos lo limitan o no, o de qué manera lo hacen.

De allí que sea muy importante el poder determinar a grandes rasgos el punto de la escala evolutiva en que se halla la persona, porque eso indicará la sensibilidad o no a las potencias de los signos vía los planetas regentes; es decir la energía del signo se verterá a través de cierto regente de forma parecida al siguiente cuadro:

Persona Núcleo de la vivencia Planeta Regente
Aspirante Forma Exotérico
Discípulo (1º y 2º iniciación) Conciencia Esotérico
Iniciado (3º iniciación en adelante) Vida Jerárquico

Lo clave aquí es el poder determinar el énfasis de la vivencia, lo cual también requiere cierta preparación por parte del astrólogo, y para abarcar mejor ello me remito al artículo específico sobre el tema.



Tres estadios de desarrollo espiritual:
Referido a la vivencia, debemos tener en cuenta que la mayoría de la humanidad vibra en el nivel de la forma, sea en el plano astral o algo menos en el mental, en cuyos niveles superiores se hace contacto con el alma, y en consecuencia es de esperarse que una alta cantidad de cartas sean las de personas que transitan el Sendero como aspirantes.

Al avanzar la evolución, del conjunto de experiencias y conocimientos recabados se procura extraer un significado, de generar una conciencia, y allí emerge la vibración del alma, que lo hará mediante el signo Ascendente y el regente esotérico del que se trate.

Esto naturalmente todos lo vivimos en alguna medida, y en ello reside también la esperanza en la elevación de la humanidad, que ha despertado masivamente en alguna medida y que crecientemente emplea esa conciencia en comportarse con responsabilidad y establecer correctas relaciones humanas, entre otras cosas.

En otras palabras, es un proceso de constante extracción de significados y volcado como sabiduría o luz en los tres mundos, que así se van saneando y elevando su vibración, posibilitando extraer significados más claros y verdaderos con el tiempo. Esa actividad relacionadora se da en especial con el Ascendente, pero sin duda tienen su rol otros elementos, que se supeditarán a la vibración expresada por aquél.

Como afirma la teoría oculta, la personalidad y el alma primero luchan para después fusionarse, y esa relación puede apreciarse a través del regente exotérico y el esotérico; cada uno regirá y tratará de expresar la energía o fuerza de una manera, lo cual arrastrará a la persona hacia lo regresivo o lo evolutivo. Esto podría prevenirse o mirarse con más cuidado si se lo conociera y por signo, casa y aspectos, por ejemplo.

Resta decir algo sobre la vivencia de la forma, afín al aspirante espiritual: no debemos pensar en que por tener una tendencia espiritual ya se posee plena conciencia y corresponde asignar un regente esotérico. Por ejemplo, todos hemos experimentado la situación de querer prestar un servicio; si la reacción natural y espontánea fue hacer algo concreto por el mero hecho de satisfacer una necesidad, esa fuerza exteriorizada fue de la forma, por más amplia que haya sido la necesidad satisfecha. Ahora bien, si a ese servicio se lo rodeó de un envoltorio de conciencia, o en otras palabras si se ha reflexionado y no se ha perdido en la ceguera de los tres mundos el significado del servicio, podría pensarse que entonces sí se actuó como alma. Es la clásica metáfora de colocar los caballos por delante del carro, expuesta en el hinduismo y también por Platón, por citar referencias.

Eso no invalida el servicio en la forma y desde la forma, porque otros discípulos o iniciados sí pueden tener en claro la visión y el efecto egoico se produce igual, pero nos debería dar una advertencia a la hora de determinar el status espiritual propio y el del consultante. Lo anterior sería válido incluso para los servidores del séptimo rayo, que por tendencia natural trabajan en el plano de la forma concreta, pero nuevamente debe tenerse en cuenta la capacidad para mantener el significado. Si prima el hacer por hacer y el luchar en los tres mundos, más allá de los resultados prima la forma.



Por su parte, una conciencia egoica fluirá a través del regente esotérico de la carta, y su impacto no puede medirse como forma sino como significado, es decir que no se apreciará como algo visible sino como algo velado. Por ejemplo, consideremos un Ascendente Acuario. El regente esotérico es Júpiter, que supongamos se halle en la Casa I, exotéricamente de la personalidad. Una interpretación en la forma nos podría llevar a considerar que Acuario vía Júpiter hará el carácter rebelde, expansivo, jovial y optimista, con capacidad de dar a los demás. A su vez un significado más profundo podría ser el de que Acuario como Ascendente con Júpiter en la I indica un ciclo de irradiación de la personalidad, que tal vez debería ahondar en la profundidad o las distintas maneras de dar y así no sobreestimular su naturaleza astral con buenos deseos e hiperactividad emocional.

La inspiración de un discípulo es su alma, y esa energía es captada a través del regente esotérico de su Ascendente en su aspecto principal. Esa fuente de inspiración es todo en las primeras etapas del Sendero, pero llega un momento en que el desarrollo espiritual conduce al discípulo más allá de la 2º iniciación, y comienza definidamente el proceso de reorientación hacia la mónada, ya que el alma no es suficiente para expresar la divinidad intrínseca del discípulo. Es allí cuando se busca una nueva fuente de inspiración, y esa nueva energía es recibida a través del regente jerárquico de la carta.

Por último, ¿Cómo distinguir una conciencia iniciática? Para ello podemos realizar una intuitiva elucubración.

La conciencia de un iniciado no es una conciencia, en el sentido en que conocemos la palabra, porque la vibración de sus vehículos es tan alta que prácticamente no existen intervalos en la búsqueda de significados; a nivel emocional la percepción es casi sin sensaciones astrales, y en general la comprensión es tan grande que se capta inmediatamente lo que una situación determinada encierra, sin detenerse en la mente, por así decirlo; ésta sólo reviste de materia lo comprendido pero no es utilizada concretamente.

Se trata entonces de un estado de síntesis, al cual se llega justamente agotando todos los significados que pasan por la conciencia. Cuando desaparece esa “relación” o “tiempo” entre conceptos y emociones, subiste un estado que el Tibetano llama “identificación”, el cual viene complementado por una tremenda energía dinámica, la del propósito espiritual, que al principio afluye de a momentos, cada vez que se puede consumir la brecha de la conciencia, y parece ser total a partir de la cuarta iniciación, cuando la conciencia en sí ya no es necesaria y por ende se destruye el cuerpo causal.

La posibilidad de que rija el regente jerárquico de la carta es entonces remota, pero podría darse y también conviene estar familiarizado con ese nivel espiritual.

Valgan entonces las referencias, entre muchas otras posibles, a fin de poder determinar el nivel espiritual del consultante, a partir de ahí puede identificarse el regente o el par de regentes apropiados, en este último caso en conflicto. Será posible asimismo asignar un correcto significado a los emplazamientos de los demás planetas de la carta, que naturalmente albergan distintas energías y confieren distintas facultades si se trata de un aspirante que de un discípulo o de un iniciado.

Casi huelga decir que no se trata de compartimientos estancos, sino que los estados de conciencia se suceden y frecuentemente superponen, y de ahí el conflicto. Por otra parte, la práctica y la intuición permiten crecientemente al astrólogo conocer la extensión de la vibración desprendida por la carta; la clave es abordarla enfocado de la manera más elevada posible, en particular involucrando el factor sintético.

Tengamos por ende claro el punto de partida, es decir el grado de desarrollo espiritual del nativo, para poder luego elaborar y relacionar los elementos de la carta en torno al signo Ascendente y su planeta de expresión. El proceso de interpretación aún debe continuar, aunque contamos aquí con una base práctica sobre la cual continuar el análisis esotérico de la carta.