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Los tres niveles del horóscopo

28.5.10

Géminis, el amor tras la dualidad


Por Martín Dieser

La visión esotérica del signo de Géminis se encuentra íntimamente ligada a la conciencia humana tal como nos resulta más familiar, es decir, la basada en la mente y con la infaltable presencia de la dualidad. En un sentido sutil, es gracias a las energías vertidas por este signo que se podrá experimentar ese divino conflicto, esa fragmentación interna que se suscita cuando se interacciona con algo que se cree ajeno al yo, pero que por ese mismo karma deberá irresolublemente integrarse en el corazón si es que quiere alcanzarse la plenitud.

La experimentación del no-yo es fundamental en la evolución de la mente humana, y Géminis preside ese proceso de interacción, de relacionamiento entre la forma y aquello que está más allá de la forma. Es el gran agente vinculador que pone en contacto ambas dimensiones, y allí reside uno de los motivos por el cual su energía es denominada la de los mensajeros; allí también podría encontrarse una especial vinculación del Maestro Tibetano con esta constelación (no el signo), e incluso tal vez en la dinámica de yo, no-yo y amor unificador, base esotérica del movimiento de triángulos impulsado por el mismo Maestro.

Para conocer un no-yo es necesario percibir algún tipo de realidad externa a la propia conciencia actual, y allí es donde operan las energías de Sagitario, que son complementarias de las geminianas ya que dirigen y enfocan la conciencia hacia una cualidad determinada, la cual se percibe como ajena al yo. Desde el momento en que se lanza la flecha comienza el viaje hacia la meta, y allí rige especialmente Géminis. Esto tiene un reflejo exotérico: en la astrología convencional ambos signos rigen los viajes, entendidos en tal caso como físicos.

Géminis es una energía muy importante para la humanidad, porque es eminentemente la energía del amor, de la paz resultante y la consecuente superación de los conflictos. A través de su accionar es que todo aquello que se capta como ajeno al yo es incorporado a la conciencia, incluido dentro del sentido interno, y en ese proceso reside la clave de la unificación de las cualidades que subyacen en todo lo manifestado.

La dualidad, en un sentido oculto, no es más que la ausencia de unidad consciente, y desde el momento en que nombramos a la conciencia estamos hablando del amor. La dualidad sólo cesa de agitarnos cuando abrimos nuestro corazón a la forma, cuando comprendemos que todo en el universo tiene un sentido y que estaremos incompletos hasta tanto no nos integremos conscientemente a él. Nuestra presencia se volverá más vívida a medida que podamos comprender, a través de la mente y el corazón, a cada aspecto de la vida con el que tengamos interacción como un sentido en sí mismo, como una parte de esa gran meditación que es el Plan divino, y que en tanto tal merece un profundo respeto en todas sus manifestaciones.

El misterio de Géminis está oculto en la compasión, y de allí que su rayo, el 2º de Amor Sabiduría, lo vincule a Piscis y Virgo, los dos signos por excelencia de esta cualidad. El estado de conciencia que agota la dualidad es uno que se encuentra más allá de los pares de opuestos, o tal vez podríamos decir por detrás, como la sublimación de la comprensión de todo lo existente en el círculo no se pasa de la conciencia personal, que crecientemente va abarcando esferas más amplias a medida que se avanza en el Sendero espiritual.

En ese sentido, el amor nos lleva a otro punto muy importante relacionado con este signo, y es el tema del karma: decir relación es decir tiempo, y, como sabemos, el tiempo es la matriz del karma, el conjunto de energías imperfectas que tienen que sintetizarse en la conciencia del ser para alcanzar la liberación en los planos físico, emocional y mental.

Desde el momento en que nos encontramos frente a una interacción, a una expresión de energía en el tiempo, a un no-yo, surge una profunda responsabilidad para con ese aspecto no integrado del yo, en cierta manera una relación kármica que está presente en la conciencia como algo diferenciado. Y aquí es donde suele olvidarse el aspecto central de Géminis que es el amor.

El amor es el gran liberador del karma, porque puede existir dualidad, pero cuando se comprenden el origen de ésta y su sentido profundo se alcanza la conciencia de síntesis, no más sea por un instante, y en la plenitud no hay espacio para tiempo alguno (y por ende karma, tal como nos afecta).

Sin embargo, a menudo la falta de compasión y respeto nos lleva a despreciar las cualidades que nos rodean: la mente se fragmenta buscando caminos lejanos, charlas más interesantes, personas más profundas, etc., distrayendo al Pensador y alejándolo del aquí y ahora, que es donde crecientemente encontrará respuestas a todos sus interrogantes. Implica la búsqueda del sentido de cada proceso, pero también el de cada situación, acto, palabra, emoción y pensamiento que nos rodea, con profunda comprensión de la importancia que tienen porque es lo que el karma nos ha deparado en el presente; tal es la dualidad de Géminis y la gran oportunidad que nos brinda.

Si por el contrario permanecemos con la mente y el corazón ciegos a los significados, la interacción no se profundizará, precisamente por nuestra falta de compasión, y sufriremos reiteradamente por nuestra superficialidad, que se convertirá así en una generadora de inarmonías.

Se puede entonces apreciar la importancia del amor en la vida espiritual, donde ocupa un lugar destacado el plano búdico, simbólicamente representado por el aire. Precisamente allí puede encontrarse un triángulo de energía entre Géminis, Acuario y Libra, produciendo respectivamente relación grupal, un punto de síntesis amorosa y la conciencia grupal resultante.

En conclusión, la energía de Géminis está presente en cada fragmento de nuestra conciencia y en cada triunfo de la comprensión por sobre la forma, y representa una influencia muy importante en la vida espiritual. El período cíclico en que nos hallamos bajo su regencia puede ser especialmente propicio para meditar y poner en práctica los profundos significados que contiene.

24.5.10

Géminis: Un Universo de Relaciones


Por Ricardo Georgini


Las ideas centrales del signo de Géminis son dos: dualidad y relación. Toda la existencia está compuesta de pares de opuestos, tales como el bien y el mal, atracción y repulsión, el yo y el no-yo. La influencia de Géminis nos estimula a percibir claramente las dualidades presentes en nuestra experiencia; mas, por otra parte, nos estimula también a unir las dos partes en una relación armoniosa. 
La primera dualidad es la de espíritu y materia. También podemos llamarla energía y sustancia, vida y forma, sujeto y objeto. Esta dualidad fundamental origina todas las demás. En el ser humano, la misma se expresa subjetivamente como alma y cuerpo, y objetivamente como el yo y el no yo. Después vienen otras más específicas de la experiencia humana, como amor y odio, placer y dolor, masculino y femenino, etc. 
Pero, más allá de toda dualidad, siempre está presente la unidad esencial de todos los seres. Las dos caras de la moneda son facetas de un mismo objeto. Esta unidad sólo puede ser experimentada subjetivamente, en los niveles más profundos de la conciencia. En  cambio, en el mundo concreto y externo reinan siempre la dualidad, los contrastes, la diversidad. 
Con todo, la unidad interna esencial puede y debe ser reflejada en el mundo de las apariencias. Esto es realizado a través de las relaciones. Las relaciones armoniosas reflejan externamente la unidad que existe en lo interno. Ese es el sentido más profundo del amor: la conciencia de la unidad esencial. El amor es la energía de nuestra esencia una, y cuando fluye a través de la red de relaciones reconcilia todas las aparentes separaciones. 
La experiencia humana está marcada por una ilusoria sensación de aislamiento, separación e independencia. Muchas veces, la vida nos enfrenta con las dualidades y diversidades, pero no llegamos a dar el paso delante de relacionar y unir. La energía de Géminis nos incita a dar ese paso, abandonando el desconocimiento, la indiferencia, los preconceptos, etc. 
Son muchas las relaciones a establecer y perfeccionar, tanto dentro como fuera de nosotros. Hay una relación entre el alma y la personalidad, o entre nuestra esencia espiritual y nuestra identidad personal material; entre la mente y el cuerpo; entre razón y sensibilidad o cabeza y corazón. Existen las relaciones con los distintos familiares, con los amigos, los compañeros de estudio y de trabajo. ¿Y cómo olvidar nuestra relación con el dinero, la política, el planeta, el sufrimiento mundial? 
Resulta primordial establecer relaciones, pues ellas son el campo para el cultivo de la expresión del sentido de unidad interna. Cuando encaramos las mismas a partir de un nivel emocional o mental raso, siempre se encuentra presente una separación entre uno y otro – el yo se siente incompleto, cadenciado, dependiente, apegado. Pero cuando las relaciones son tejidas a un nivel más profundo de conciencia, ahí sí experimentamos la unidad esencial, con un natural sentido de realización y libertad. 
El mes de Géminis, este año, comienza el 21 de mayo y se extiende hasta el 20 de junio. Durante este período, la intensa circulación de energías geminianas en el planeta nos inspira a estar atentos a nuestras múltiples relaciones, procurando perfeccionarlas y profundizarlas, para así expresar mejor la belleza, la armonía y la unidad de toda la vida.