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Los tres niveles del horóscopo

27.5.11

Urano








URANO EN TRANSITO EN NUESTRAS VIDAS

Posiblemente “estar bien y sentirnos vivos” podría ser más de lo que esperamos si Urano, de acuerdo a nuestro destino y libre albedrío, forma aspectos importantes con Planetas natales.
Su destellante vibración y su libertadora fuerza se nota en nuestras vidas, aún si no ese el caso. Simplemente al cambiar en su propio tránsito en el firmamento por Signo lo notaremos con más o menos intensidad, según sea la importancia de la Casa en el Tema natal. Más aún si en esa Casa está situado cualquiera de nuestros Planetas.
Desde la entrada de Urano en Aries, en su comienzo de ciclo que sucede aproximadamente cada 84 años observamos cambios inesperados en el Planeta. Estallidos de libertad que llevan a la masa a involucrarse en riesgos y compromisos más importantes que el valor de la propia vida en su individualidad, enfrentamientos al todo poderoso poder de dictadores y todo ello, ayudado por medios infinitamente ligados a algunos de los significados de Urano como es Internet o la comunicación por móviles.
Primero el sufrimiento, la humillación, las máximas carencias en los derechos humanos acrisolan y galvanizan a millones de seres. Suele ser el sufrimiento precisamente el que hace avanzar en la lucha de esos derechos al ser humano, llegando al sacrificio de si mismo por los demás en conjunto. En una forma que aparentemente no tiene relación con la espiritualidad, el uno llega al Todo.
Observamos con asombro –lo seguimos haciendo-, el impacto en estructuras tanto políticas como religiosas, ha comenzado a hacer tambalear Plutón desde su entrada en Capricornio y Neptuno acaba de entrar en Piscis.
Los Dioses del Cambio, esas Vidas increíbles, Mensajeros Divinos, comienzan a marcar el tono, el color y el sentido adecuado a una nueva humanidad que puede manejar la intensa herramienta del Discernimiento.
Comunicación, pensamiento y el poder de la palabra unido a la Buena Voluntad cada vez más fuerte, a pesar del caos reinante…todo ello tiene relación directa con Urano y su agente Mercurio.
Urano es el símbolo de la energía cósmica de la mente-espíritu, representa los estados más puros de ideación abstracta y libre de cadenas, que existe primero en una idea no manifiesta que aguarda para ser extraída de Éter, en el momento oportuno.
Urano refleja en alguna forma la mente divina y el mundo no terrenal de las ideas arquetípicas.
En sucesivos mensajes, iremos observando como podemos vivir en forma lo más útil posible para el propósito que cada uno de nosotros como almas hemos aceptado en este ciclo, ya que en forma inevitable la energía uraniana nos moverá o por el contrario nos quebrará. Tenemos herramientas para que esto último no suceda y una de ellas, entre muchas, es la Astrología.
Desde el corazón siempre.
Joanna

8.5.11

Tauro: reorientar los deseos

 Por Ricardo Georgini
 

El trabajo de Hércules asociado al signo de Tauro es la captura del toro de Creta. El signo de Tauro habla del modo en que tratamos con la materia. Todo uso de la materia está motivado por el deseo, sea un deseo egoísta e ignorante o uno altruista e iluminado. Este trabajo de Hércules representa la reorientación de los deseos, de modo que dejen de estar dirigidos exclusivamente para el beneficio individual y pasen a estar dirigidos para un bien mayor, colectivo.
Neptuno (el Señor de los Mares) había regalado al rey de la isla de Creta un toro sagrado. Sin embargo, el rey pretendía sacrificar al animal. La tarea de Hércules era rescatar al toro y llevarlo de la isla al continente, donde estaría a salvo. Para encontrar al animal en aquella isla, Hércules se guió por una luz que brillaba en la frente del toro. Cuando finalmente consigue llegar hasta él, el héroe lo montó como si fuese un caballo y así lo cabalgó, atravesando el mar, hasta el continente.
El toro, con su constitución robusta, representa nuestro cuerpo. Y tal como el toro, el cuerpo es sagrado. Toda materia es, en sí misma, sagrada. Lo que no es sagrado, muchas veces, es el uso que hacemos de la materia y del cuerpo. El problema es que el toro está en la isla, un símbolo de aislamiento y exclusivismo. Este es todo el mal y el verdadero y único pecado: la separatividad. Semejantemente, todo bien y toda virtud pueden ser resumidos como amor, unión y fraternidad. El continente representa eso, la integración de la parte en el todo, la colectividad.
Así, el único problema con respecto a los bienes materiales, el dinero y el cuerpo, con sus apetitos, es que hemos utilizado todo eso para satisfacción de nuestros deseos egoístas. La solución no vendrá maldiciendo a la materia, maltratando al cuerpo o intentando suprimir todo deseo. El toro no debería ser sacrificado, sino rescatado para el continente. Todas las formas materiales y las capacidades del cuerpo deben ser colocadas al servicio de la colectividad. Esto será realizado cuando los deseos sean reorientados para el bien de todos. “Aquello que deseas de bien para tí, procura desearlo igualmente para todos”.
Pero, ¿cómo conseguiremos canalizar de esa manera las fuerzas del deseo? Hércules empieza guiándose por la luz en la frente del toro. Esta luz simboliza un centro de energía localizado entre nuestro entrecejo, llamado chakra frontal. Está relacionado con el corteza frontal, la región del cerebro que es responsable de nuestra capacidad de auto-observarnos, de direccionar nuestra atención adonde queremos y de realizar elecciones conscientes. El primer paso, por lo tanto, es encender esas capacidades, tan propias del ser humano, y procurar observar con alguna imparcialidad las emociones y deseos que se mueven dentro de nosotros. Así nos montamos sobre el toro, y podremos cabalgarlo.
Cuando nos identificamos excesivamente con una emoción o deseo, nos tornamos su víctima, y somos arrastrados a hacer esto o aquello de acuerdo con tales impulsos internos, que nos controlan. Pero cuando nos observamos con desapego e imparcialidad, podemos permanecer internamente libres para escoger qué hacer con nuestras emociones y deseos. Entonces se vuelve posible canalizarlos de manera más sabia y constructiva, para el mayor bien de todos.
El signo de Tauro nos confiere esa cualidad de percepción esclarecida, iluminada, que puede ser aprendida con la experiencia. Gradualmente, a través de las experiencias en medio de la materia, podemos comprendernos mejor a nosotros mismos, y descubrir que todo beneficio individual es ilusorio y temporario, y sólo el bien colectivo es real y permanente.
Ricardo A. Georgini
ricardogeorgini@yahoo.com.br